Pija birra faso, de Ioshua

ioshua pijabirrafaso

Anoche leí a Ioshua, un poeta de Merlo, escritor de Pija birra faso, libro que llegó a mis manos de las manos de un editor en FLIA Chaco.

Debería escribir palabras grandilocuentes como la crítica literaria consagrada, pero no da: sólo da para que te llegue, para apenas abrir un agujero en la vida y la escritura de Ioshua hay que acercarse a su libro, leer hasta las 2 de la madrugada, devorar con hambre de poesía como se va devorando él mismo su vida, pasar una página tras otra imaginando su vida, los rincones de Buenos Aires, ese aire dulcemente violento que atraviesa cada verso, cada palabra.

No sé, capaz sea mambo negro mío porque yo también ando volcada para adentro, muy hondo, muy profundo y así nomás es como pega la poesía a veces. Quizás no vale la pena decir nada de esto que me producen las palabras de un otro, quizás no hay que leerlo, pero si alguna vez encuentran un título de Pija birra faso el viaje emocional vale la pena, aunque sea para despegarse de este mundo con sus putas distracciones cotidianas.

Aunque sea para vivir lo que él llama el horror de amar.

PD: lastimosamente al momento de escribir estas líneas www.nulubonsai.com.ar estaba caído, pero prueben después, pegaría que vean qué hay.

Un cuento chino, por Lucas Brito Sánchez

crusoe

Antes de irme a vivir con los cangrejos anduve un tiempo rondando un hormiguero, para ver si daba lástima y me dejaban entrar. Me sentaba al borde y esperaba. Si en boca cerrada no entran moscas, yo nunca me callé, así que me entraron como 56 ese día al lado del hormiguero.

Me fue mal con las hormigas. En esa comuna andaban todos muy de ocupados acarreando cosas. ¡Todos en lo suyo, a sus larvas!

Nuestra relación se terminó después de varios intentos míos de que incorporen como herramienta de trabajo a la bicicleta. Les expliqué que si acortaban los tiempos de carga y descarga metiéndole al pedal, tendrían tiempo disponible para los besos y los celos. Y no habría necesidad de tratar tan mal a los zánganos.

Me aguantaba que no acepten mis recomendaciones, pero el crusoismo es una religión incómoda. Crusoe fue un farsante. Sobrevivió gracias a su parasitismo. Siete comunidades de hormigas hembras le dieron de comer después de su naufragio. Antes de irme derrumbe a patadas tres murales de Robinson al óle

Paréntesis

Podría decir que usted no me lo va a creer, pero es mentira y a la vez verdad porque Zazen o Tacroa creían que otra vez iba a ser el paréntesis de las dos orillas y la chica de larga distancia, una llamada para usted desde Venecia, y esas charlas telefónicas largas, que más que charlas son un pedido de auxilio desesperado en las turbulentas aguas de estos días.

Usted no me lo va creer, pero pasó otra vez, distinto pero otra vez. La chica de larga distancia, ella que se creía visitante eterna en Venecia, había caído en un paréntesis que la congelaba a la altura de La Leonesa, la dejaba allí, mirando sin mirar por la ventanilla de un bus, llorando lágrimas de cancodrilo por la inminencia de lo que se acercaba, por la distancia de lo que se alejaba. Allí el paréntesis otra vez y la pregunta de siempre: cómo empezar o cómo terminar de un borrazo todo.

Usted no me lo va a creer, pero sí Zazen, que sospechó del paréntesis esa noche de sábado cuando la chica de larga distancia salía y entraba del bar, bajo la excusa de un cigarrillo. En esa esquina, que alguna vez le perteneció, Zazen y Tacroa sospecharon que la chica de larga distancia había encontrado el paréntesis entre una pitada y otra, mientras la noche se abría oscura y fresca, parada allí como ausente, apretando un móvil con característica extranjera, como esperando un milagro que sabía que no iba a llegar porque el paréntesis había comenzado a formar sus líneas unos meses antes y ya era inevitable el cierre.

Usted no me lo va a creer, pero sí, la chica de larga distancia sigue allí, en ese paréntesis de las dos orillas, pitando un cigarro tras otro, tratando de programarse para la salida, pero esta vez es un misterio para dónde se decidirá.

Usted no me lo va a creer pero el paréntesis se cerrará de un tirón como este texto estúpido que no explica nada y ya ve, no hay tu tía con estas cosas.

Some lessons, de Melody Gardot

Gracias a alguien conocí a Melody Gardot, último y gustoso descubrimiento musical.

Aquí Some Lessons, tema de su disco Worrisome Heart para escuchar con las luces apagadas y los ojos bien cerrados.

Well, I’m buckled up inside
Miracle that I’m alive
Do not think I can survive
On bread and wine alone

To think that I could have fallen
A centimeter to the left
Would not be here to see the sunset
Or have myself a time

Well, why do the hands of time
so easily unwind?

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Lanzamiento del libro Crisálidas: Tipografía Digital del Paraguay

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Los amigos del colectivo t’Py | Tipografía del Paraguay (más conocidos como LosLocosdelasLetras) y la nueva editorial piquetedeOjo lanzan el libro Crisálidas: Tipografía digital del Paraguay. La cita es el viernes 16 de octubre a las 21 hs en la Galería y Cafetería-Bar Planta Alta, en Caballero 294 esquina Mcal. Estigarríbia.

El libro es un muestrario del diseño tipográfico paraguayo en la era digital, con una selección de 20 proyectos enfocados -según el caso- en representar nuestras dos lenguas oficiales (guaraní y castellano).

Incluye también un ensayo sobre la historia de la tipografía en Paraguay y textos introductorios del maestro tipógrafo argentino Rubén Fontana, por un lado; y del diseñador catalán Andreu Balius, por otro.

Además del libro, se podrá ver  la muestra «Nuevas Letras», con 19 paneles resultantes del Taller de Tipografía Experimental realizado en el primer semestre de este año. Habrá ventas de postales, reglas tipográficas, impresión en vivo de postales en el sistema tipográfico y mucha música para escuchar y bailar.

Mi piquete de ojo pertinente a LosLocosdelasLetras y vayan todos sique, que parece que estará lindo!

Para conocer la editorial, haga click acá: piquetedeOjo

Los Caminos de la Vida, Vicentico

Cada 2 ó 3 días se me enrosca la memoria y se presenta con fuerza la cara de La Elsa a la vuelta de su trabajo. Esta señora, mi señora madre, es tamaña obrera, a la que le caben todas las infernalidades descritas en las inmensas páginas de Tiempos Difíciles de Charles Dickens.

Y escuchando este tema, la recordé con fuerza, sobre todo “porque ella nunca dejé que me muera/ Y por ella no me quiero morir/ Tampoco que se me muera mi vieja/Pero yo se que el destino es así”….

Porque sin ella nada sería posible….

Publicado en  on 7 Octubre 2009 at 4:10 pm Comentarios (1)
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Ley de Zipf y palabras

palabras

Leyendo Papel en blanco me anoticio de que existe una ley para medir las palabras más usadas y menos usadas en la escritura universal. Se trata de la Ley de Zipf, creada por el lingüista George Kingsley Zipf de la Universidad de Harvard (otra vez los yankis queriendo medirlo todo, no?).

Pues bien, esta ley establece que “un pequeño número de palabras son utilizadas con mucha frecuencia, mientras que frecuentemente ocurre que un gran número de palabras son poco empleadas“. Para aplicar este método a un texto, el mismo debe tener como mínimo unas 5.000 palabras, y se calcula la palabra que más aparece de acuerdo a un tabla. La más usada se convierte en la palabra rango.

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One flight down, Norah Jones

Noches púrpuras o My blueberry nights es una película que pasaron anoche por TV. Allí Norah Jones y Jude Law jugaban a encontrarse y perderse en los caminos de la vida.

Ella era una mesera que recorría Estados Unidos para olvidar a un amor. Él, un paciente pastelero-mesero-cocinero de un restaurancito en New York. No sé si era linda película, pero me recordó muchas cosas, muchas historias, mucho de esta vida, de esta muerte, de estos amores desencajados que rondan Asunción y Resistencia.

One flight down suena de momentos en el film, parece una condena…now you know… en esta noche de viento que todavía se niega al estampido de una lluvia torrencial.

Now you know (por MK)

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One flight down….now you know you’re wrong suena. Nuevamente casi por error, casi por destino, ella había puesto ese tema de Norah Jones en el reproductor mientras escribía las cosas que se escriben para sobrevivir; y una y otra vez la canción resonaba diciéndole algo, hablándole de frente, ¿a su corazón?, ¿a su cabeza? En momentos como estos solamente puede resignarse al sonido suavemente violento de la canción, condenándola al eterno repeat one, hasta que llegue otra canción para sacarla de este vuelo en el que sabe que puede equivocarse, en el que ha visto su cara mucho más vieja que lo que recordaba.

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No en los ’70, no en Norteamérica (por Lucas Brito Sánchez)

los 70s

Una tapa de olla. Una tapa de botella. Una de ataúd. No. Esta historia tiene como fondo una tapa de inodoro y una pareja de amigos.

Salieron un año y se fueron a vivir juntos. Sin hijos. Pasa el tiempo. Acomodan muebles. Eligen pintura. Allí debería ir el aire acondicionado, allí una puerta. Las obsesiones van ganando espacio. Pequeñas erupciones que atormentan. Él cree que ella no tiene en cuenta ciertas cosas, como no bajar la tapa del inodoro para que el gato no tome agua de ahí. El problema quizá es el gato. Ella se ríe nerviosa. Dice que hay que dejarlo que haga su berrinche algunos días.

Ella sigue olvidando la tapa levantada.

Un día hacen una fiesta. Llegan amigos y extraños. Discuten en la pieza por lo de la tapa. Otra pareja se va. Toman la ruta. Se detienen a un costado. Terminan cervezas en lata. Toman una línea de cocaína. Él lo besa. Él también. Se piden perdón. Eso no está bien. Se cuentan a quienes extrañan realmente.