La cocina es alquimia de amor

Guy de Maupassant

 

Comenzar estas líneas citando a un escritor es un vicio de la literatura, pero a la vez ese empujón que necesitaba para animarme a juntar en un libro la experiencia de la cocina, que al fin y al cabo para mí, es la historia de mi corta vida.

Si bien no soy chef profesional, cocinar y comer son dos pasiones que atraviesan mi vida. Parece un cliché, pero mi relación con la comida comenzó cuando era chica, viendo cocinar a mi abuela y a mi madre. En la cocina de mi casa, mi abuela era la reina, que todos los días ponía a funcionar la alquimia de los fogones, que luego devorábamos en la mesa. A mis 8 ó 10 años algunos de esos platos eran verdaderas torturas imposibles de masticar, pero hoy con la madurez de la digestión que dan los años, son auténticas reliquias de una cocina casera de antaño, casi en extinción.

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Como todos los primeros domingos de cada mes, este 6 de noviembre la Masa Crítica Resistencia te invita a un paseo colectivo de 7 km. La cita comienza a las 17 en la Plaza 12 de octubre y termina en el Planetario Chaco, con una parada intermedia en La Fabril. La convocatoria es libre y gratuita, sólo debes traer amigos para disfrutar del paseo en bici.
Este domingo 6 de noviembre la Masa Crítica Resistencia te propone tocar el cielo con las ruedas: el paseo tiene como punto final el Planetario Chaco, un parque verde en el barrio Mujeres Argentinas, ex Golf Club. Todos los ciclistas están invitados a este paseo gratuito y colectivo para celebrar el uso de la bicicleta como medio de transporte.
La cita es a las 17 en la Plaza 12 de octubre, en la esquina de las avenidas Wilde y Rivadavia, donde estarán 30 minutos para pintar remeras y socializar el recorrido. Si queres podés llevar tu remera, y si es posible un aerosol, para pintarte consignas como “Usa la bici todos los días, celébralo una vez al mes”, “1 auto menos”, “También somos tránsito”.
Recordamos a los ciclistas que en caso de que llueva mucho, la masa se pasará para el domingo siguiente, es decir, 13 de noviembre a las 17 en Plaza 12 de octubre, con el mismo recorrido.

EL RECORRIDO
Tras este breve recreo, el recorrido comienza a las 17:30 por la avenida Rivadavia, atravesando las avenidas Sarmiento, Italia, Vélez Sarsfield, hasta llegar a la Nicolás Rojas Acosta, donde se dobla a la derecha y se continúa hasta la calle Obligado. De allí se sigue derecho hasta chocar con el predio de La Fabril, donde se hace el primer descanso. Este primer tramo tiene una extensión de 4 km y los que gusten, pueden seguir hasta el planetario.
El segundo tramo consta de 3 km y tiene como destino el Planetario Chaco, ubicado en el barrio Mujeres Argentinas. Para llegar a este espacio verde, la Masa Crítica tomará la avenida 9 julio hasta la esquina que indica la entrada al ex Golf Club. De allí pedaleará hasta finalizar el paredón, subirá por el terraplén y bajará en la primera bajada, por el costado del Centro de Empleados de Comercio (no por el frente), seguirá por el camino de tierra, y luego de la tercera curva ya está la tranquera con el cartel del parque. Los que gusten pueden llevar mate o tereré para descansar en el planetario y disfrutar de las estrellas.
El paseo está pensado para que puedan realizarlo ciclistas de todo tipo, no se irá a gran velocidad, por lo que adultos mayores o personas con niños pueden participar. La MC pide que sólo vayan pedaleando los niños que usan una bicicleta de rodado 20 en adelante, si son más pequeños es más seguro para todos que los lleve un adulto.

¡USEMOS LA BICICLETA!
Si bien no hay organizadores, la MC está organizada: el recorrido está prefijado para que tanto ciclistas como automovilistas se manejen con cuidado y respeto por las calles de la ciudad. Esto y otras pautas de pedaleo se van discutiendo en cada encuentro y en la red social Facebook, donde los interesados pueden sumarse al debate buscando a la comunidad Masa Crítica Resistencia.

Tras el exitaso de Poemas con famosos, Tony Zalazar me invitó a formar parte de este engendro, que dio en llamar Parrincesto. Este viernes 21, a las 21, en el bar de la Casa de las Culturas se promete lectura, música y arte en vivo, así que los pueden, vayan!

Acá la reseña lúcida del zar editorial Tónico:

Después del vilipendio antológico de “Poemas con Famosos” el Ananga Ranga Taller no madura y lanza esta nueva antología enfermiza que surge del indiscreto deseo de conocer y exhibir qué poema ajeno rescatan los poetas de la vasta biblioteca universal. Tarea ardua o misión imposible, elegir Un poema entre los tantos leídos y relamidos en la vida. Pero este deseo impertinente, atizado aún más por la curiosidad, no se conformó con el apriete electivo, sino que nos impulsó a solicitarles que expliquen brevemente el atractivo que dicho poema ejerce sobre ellos, poetas-lectores. Y para finalizar, ya obsedidos por el fisgoneo, les demandamos sin escrúpulos que intenten una nueva versión del poema elegido.

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Cuando a Mercedes se le da por escuchar un disco de John Coltrane en mitad de la noche, el acto seguido es leer ese único mail que conserva en una casilla de correo oculta, para acortar así la distancia que la separa de ese chico que le roba el aliento cada vez que lo ve.

La lectura es lenta y serena: Mercedes va tocando cada palabra con los ojos, dejando que suenen fuerte en el silencio de la noche esas vocales redondas del j-a-m-a-z , o del r-e-i-r-n-o-s-a-c-a-r-c-a-j-a-d-a-s. Cada sílaba estalla como el ronroneo de su gata que se refriega el cariño en su mano mientras ella trata de poner por escrito esta tristeza dulce que le produce una distancia que nunca entenderá.

Lee y revuelve cada frase buscando, tratanto de recordar algún encuentro casual que le devuelva esas sonrisas que prometía la carta y el resultado es nada. Entonces a Mercedes se le da por calcular el tiempo de la espera paciente, apasiguando su corazón en cada tecleo, a ver si así logra dar vuelta esta rueda del destino que la lleva una y otra vez a leer la misma y única carta.

Nadie sabe el producto final de tal ecuación. Y mientras espera, a Mercedes se le antoja tatuarse la clave de su tiempo maya en la muñeca izquierda para ver si así esta distancia se convierte en paseo en el mes del Chancho.

Ahuyentá la suerte de Karai Octubre este domingo 2 de octubre, a las 17, con la Masa Crítica Resistencia que saldrá desde la tradicional Plaza 12 de Octubre y terminará en la Plazoleta Codutti, luego de atravesar puentes, avenidas, calles y parques, para celebrar el uso de la bicicleta como un medio de transporte ecológico, divertido y saludable.

Desde las 17 comenzará la concentración en la esquina de Wilde y Rivadavia, donde se pintarán remeras con mensajes de Usá la Bici Todos Los Días, Un auto menos y También Somos Tránsito, además del logo de la MC. La salida será a las 18, horario elegido especialmente para esta temporada de calorcito. Vale traer amigos y tereré!

La Masa Crítica Resistencia nació en abril y, desde entonces, el primer domingo de cada mes recorre las calles de la ciudad promoviendo el uso de la bicicleta como un medio de transporte económico, ecológico y saludable, que exige respeto por parte de los otros actores del tránsito. Se trata de un paseo, donde las bicicletas se mueven en masa ocupando el ancho de la calle, generando por una excepcional vez un tránsito más tranquilo, donde los ciclistas marcan el ritmo y piden respeto a motociclistas, colectiveros y automovilistas.

Si queres escuchar radioclips sobre la bicicleta, descargalos en: MasaCríticaResistencia

 

Mercedes se había tirado el I-Ching y la respuesta fue clara: el estancamiento. El hexagrama expresaba lo que ya venían diciéndole sus días: un tiempo paralizado en un conflicto que no terminaba de estallar y tiraba una luz de escándalo sobre su alma. Se sentía oprimida y medicaba el tormento con pintura de mandalas, sahumerios de sándalo, trasplante de plantas y las largas jornadas de lectura y entendimiento del Libro de las Mutaciones.

En momentos como éstos Mercedes buscada leer libros que arrojen luz sobre el mambo negro que se desparramaba en cada rincón de su vida. Pero sin duda lo que mejor funcionaba, es decir, lo que lograba esbozar esa sonrisa negada en su cara era andar en bici. Ida y vuelta al trabajo, paseos con amigos, divagues de pedal en solitario a toda hora y en cualquier tránsito: toda oportunidad de traslado en bicicleta era una fuente necesaria de endorfina y el único momento no obligado en que el rictus de su boca dibujada una medialuna de dientes que abría más puertas y corazones que el natural ceño fruncido de su frente.

Cada día era la certeza del tiempo flaco del estancamiento: apenas estiraba el cuerpo de la cama ya sentía la presión de sus obligaciones y su trabajo, que venían siendo un-deber-hacer más que un-hacer-con-ganas. Había olvidado por completo toda sensación de disfrute y creía moverse como un zombie por su día, por sus horas, por esto que llamaba su elección de vida. Claro que al momento de subir a la bici Mercedes experimentaba un extraño trueque del orden del tiempo y cada segundo era la eternidad del viento golpeando contra su cara, la felicidad estampada en una sonrisa que chocaba contra la violencia del tránsito de la ciudad e iba estrellándose y disolviendo las cara preocupada de motorizados y transeúntes. Y así andaba, feliz de la vida, sumando sonrisas que no duraban más allá del instante en que su culo se despegaba del asiento y volvía a ser un homo erectus de dos patas, sexo femenino, 30 años.

Esa noche cuando volvió a buscar su bici aparcada en el centro no imaginó que otro tiempo se acercaba: sus ojos cansados, el ceño fruncido y el paso apurado no le dejaron ver el maravilloso signo. En el canasto de su bicicleta, junto a la cinta coral de seda que había servido de collar a un perro que unos amigos encontraron en la calle, había un caramelo de limón Arcor. Allí estaba, enredado entre el listón rosadarojoanarajado, todo blanco con su papelito de limoncitos amarillos perfectamente dibujados, esperando que ella lo coma porque un donalguien había tenido el gesto de ofrecerle un caramelo, a ella y a su bici, para demostrarle la importancia de lo pequeño: el hexagrama que horas más tarde revelarían las monedas del I-Ching en su mesa.

Mercedes volvió a reír, pero ahora de pie y bien fuerte a la muerte.

Para celebrar el uso de un medio de transporte ecológico, la MC abrazará con su recorrido las cuatro plazas del microcentro y se detendrá en la 25 de mayo. Por eso se solicita la presencia de inspectores de tránsito. ¡Toda la comunidad está invitada a participar!

Este domingo, 4 de septiembre, la Masa Crítica Resistencia planea abrazar con su recorrido las cuatro plazas del microcentro: 12 de octubre, 9 de julio, España y Belgrano, haciendo luego una parada en la 25 de mayo de 1810. Dado que el tránsito de esta zona de la ciudad suele ser agitado y poco respetuoso hacia los ciclistas, la MC pide muy especialmente, a través de los medios de comunicación, que inspectores de tránsito municipales acompañen el recorrido de este domingo.

Hay que recordar que, cada mes, MC los ha invitado públicamente a participar, solicitándoles que no corten las calles para el paso de los ciclistas y que, de ser posible, asistan en bicicleta. Es que, tal cual afirma una de las consignas, “No bloqueamos el tránsito, somos tránsito”, cuando la cabeza de la MC llega a un semáforo en rojo, se detiene. La necesidad de contar con inspectores no se origina en el deseo de que “abran paso” a la MC, sino que es para que velen por el respeto hacia los ciclistas que van al final del grupo.

 

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A las 6:57 pm recordé el eclipse de luna: era tarde para ver el suceso que la galaxia nos regalaba. Entonces recordé las palabras de Borges, que un día atrás hacía 25 años se había ido. Era algo así como que antes el lenguaje, las palabras, la poesía tenían ese poder místico que al decir “Luna”, uno invocaba a la Luna misma.

Me quedé mirando fijamente a esa luna que se recortaba perfecta, redonda, brillante sobre el cielo azuloscuro de la tarde, que caía al lado oeste de la ciudad.

La miré tan fijamente, tan nítidamente con estos ojos que ya no ven, que parecía que la luna me estaba hablando en un idioma que había olvidado y que sólo recordaban los latidos de mi corazón.

Pensé en el escritor ciego que invocaba las palabras como la cosa misma. En las penumbras que pronto se tejieron en sus ojos, en las lunas que imaginó en su poesía, en las lunas compartidas que están vedadas a mis ojos. Me sentí sola y ciega como el escritor ciego, alegremente atravesada por los destellos de esa Luna que me miraba.

Miré tan ciegamente la Luna, hasta que mis lágrimas dibujaron las sombras de un eclipse inventado sólo para mí.

“El corazón como una cloaca” había dicho y ella paró la oreja. Comenzó a escuchar con atención a ese tipo del bar que segundos antes la había molestado con su voz tan alta, su necesidad de ser escuchado en el griterío.

Claro que le molestó al principio esa voz en cuello, tratando de sobresalir en el murmullo sordo que sólo una sala llena puede producir. Pensó qué pobre tipo, ahí tan solo, tan necesidad de yomismo como todoslosyo en este mundo, y se obligó a no escucharlo.

“El corazón como una cloaca” había dicho y eso la dejó prendida, queriendo más y el bullicio del bar iba in crescendo como una fuga. Ell estiró el cuello como ajustando la amplitud de su pabellón auricular y por fin vino el resto.

“El corazón como una cloaca. Así vivimos: filtrando mierda desde la oreja, de allí sin escalas al sistema límbico para que las amígdalas cerebrales (cada una detrás de cada ojo) trabajen cualquier emoción desde el odio, la bronca, el temor; y todo pase filtrado, perfectamente digerido en bolo alimenticio emocional al corazón, la cloaca final, desaguadero por excelencia de nuestra miseria. Sí tan sólo pudiéramos aprender a vivir en el conflicto. Sí tan sólo aceptaramos esta naturaleza ambigua de la vida, donde odio y amor son dos caras de una misma moneda, el corazón no sería todo el tiempo una cloaca. No estaríamos obligados a sabernos solos. No mediríamos el temor de cada una de nuestras palabras. No viviríamos con tanto miedo: aprentando los dientes, siendo tan mezquinos en el amor”.

El corazón como una cloaca, pensó ella y pagó su cuenta.

Debería estar escribiendo una columna de opinión sobre la deserción escolar indígena, en esos ejercicios que a veces hacemos para entender este terrible mundo, y sin embargo tu imagen no se desprende de mí.

Afuera la tarde cae al oeste de la ciudad, dibujando en el cielo una capota de nubes negras, que se recorta contra el azul limpísimo de este otoño, y todavía sigues aquí: palpipas en la voz de Zooey Deschannel, en una versión de You really got a holl me, que hoy se me antoja dulcísima.

En la pantalla se cierra un chat con un viejo amigo, al que acabo de mostrarle tu fotografía.

El reproductor te devuelve en In the sun, donde Deschanel nuevamente me dice que no hay peor cosa que ser ignorada.

El estado de feisvuc de una amiga me habla de la gramática primitiva de la fruta y otra vez tu nombre, la huella más auténtica de tu imagen, se retuerce en mi memoria, con un eco insoportable, llamándote desde la soledad de esta caja de zapatos que es mi vida.

Borro, borro, borro. Las palabras se van deformando al galope de mis dedos en el teclado y espanto tu imagen de mi memoria. Intento pensar en otra cosa, concentrarme en las cifras que defenderán la situación indígena de este país. No pasa nada y sólo vuelve la imagen perfecta de anoche: corte de luz general en la peatonal, miles de personas caminando que en segundos se convierten en millares de sombras proyectadas en el piso por el reflejo de las luces de los autos. Te hubiese gustado tanto la imagen, podríamos habernos reído tanto: incluso disfrutar el paseo en esa tormentosa peatonal!

No estas aquí: no sé cómo exorcizar esta ausencia. Pero quizás imagino, que allí donde estés, en algún rincón de esta ciudad plana, algo te andará faltando porque tu imagen o el recuerdo de ella se niega a dejarme.