
Antes de irme a vivir con los cangrejos anduve un tiempo rondando un hormiguero, para ver si daba lástima y me dejaban entrar. Me sentaba al borde y esperaba. Si en boca cerrada no entran moscas, yo nunca me callé, así que me entraron como 56 ese día al lado del hormiguero.
Me fue mal con las hormigas. En esa comuna andaban todos muy de ocupados acarreando cosas. ¡Todos en lo suyo, a sus larvas!
Nuestra relación se terminó después de varios intentos míos de que incorporen como herramienta de trabajo a la bicicleta. Les expliqué que si acortaban los tiempos de carga y descarga metiéndole al pedal, tendrían tiempo disponible para los besos y los celos. Y no habría necesidad de tratar tan mal a los zánganos.
Me aguantaba que no acepten mis recomendaciones, pero el crusoismo es una religión incómoda. Crusoe fue un farsante. Sobrevivió gracias a su parasitismo. Siete comunidades de hormigas hembras le dieron de comer después de su naufragio. Antes de irme derrumbe a patadas tres murales de Robinson al óle






