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Muchos no saben qué es vivir y qué es morir

Lucas Brito Sánchez

Al oeste de la ciudad, una avenida: serpiente de cemento furiosa en los días de sol inclemente. Es de noche, noche clara a cielo descubierto. Una atípica brisa de otoño todavía persiste en esta noche de octubre que ya debería ser caliente.

Digamos que es la medianoche porque a medianoche es cuando se da cita el drama, según sostiene la literatura. Digamos que la avenida divide la noche entre la vida y la muerte, sin saber qué lado le toca a cada una.

En la margen izquierda de la avenida una mujer come tortaloca y mira un libro de Chagall. Su departamento es pequeño. Está sola. Vive sola. Suena Joni Mitchell, como no podría ser de otra forma para la mujer sola, que recostada en su cama de una plaza, deja correr con ojos asombrados las páginas que le devuelven una y otra vez las pinturas de Chagall. Afuera la noche es silencio: inmenso silencio que retumba como gotas de lluvia sobre el techo de chapa de su departamento. Como en una caja de resonancia, el silencio se esparce por cada poro de las paredes, ahogando todo, hasta la soledad de la mujer sola que no sabe aún cómo vivir y está allí, a medianoche, comiéndose en una angustia alucinógena el peso de sus decisiones: ser una mujer sola.

/Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino/

En la margen derecha de la avenida una mujer llega a su casa, saluda a sus hijos y los reta por no haber hecho sus tareas. La mujer con hijos prepara la cena en la cocina nueva de su casa habitada por hijos y esposo. Revuelve estantes, saca sartenes y ollas. En ellos vierte alimentos como si fueran sustancias de alquimista y como buena ama de casa, grita “la comida está lista”. Sus hijos se sientan a la mesa. El teléfono suena. Es el esposo que avisa que llega tarde. La mujer con hijos dice a sus hijos que va a tomar un baño relajante. En el baño, el agua corre hasta llenar una bañera blanquísima, moderna, perfecta. El baño se llena de vapor y aromas embriagantes: sándalo, limón, pachulí. La mujer con hijos está desnuda y se sumerge en la bañera. El peso de su cuerpo hace subir el agua, que se vuelca por los costados de la bañera blanquísima. La mujer con hijos sostiene en su mano un frasco lleno de pastillas. Alplax dice el frasco. En un movimiento más sútil que el agua que envuelve su cuerpo traga 10,12, 15 pastillas. La mujer con hijos siente cómo el agua inunda cada poro de su piel, ahogando todo, hasta su soledad de mujer con hijos que aún no sabe cómo es morir y está allí, a medianoche, comiéndose en una angustia psicofármaca el peso de sus decisiones: ser una mujer con hijos.

No sé me importa un pito que las mujeres

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;

un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,

al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco

o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de sorportarles

una nariz que sacaría el primer premio

en una exposición de zanahorias;

¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,

bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,

tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo

y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,

volaba del comedor a la despensa.

Volando me preparaba el baño, la camisa.

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,

de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.

“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,

ya me abrazaba con sus piernas de pluma,

para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia

que nos aproximaba al paraíso;

durante horas enteras nos anidábamos en una nube,

como dos ángeles, y de repente,

en tirabuzón, en hoja muerta,

el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,

aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!

¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…

la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,

¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial

entre vivir con una vaca o con una mujer

que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender

la seducción de una mujer pedestre,

y por más empeño que ponga en concebirlo,

no me es posible ni tan siquiera imaginar

que pueda hacerse el amor más que volando.

Poema de Oliverio Girondo, necesario poema de Oliverio Girondo para estos días que corren, en los que no imagino otra forma del amor más que volando.

Imágenes del día del incendio del supermercado Ycua Bolaño (01-08-2004/ 400 muertos) y audio de la sentencia del 2 de febrero del 2008, frente al Palacio de Justicia, de las víctimas y familiares que esperaban ese día en el memorial.

Cobertura de CNN en Español del 1° fallo del caso:

Palabras de Liz Torres y Roberto Almirón, días antes de la segunda sentencia indignante:

Hoy todos puede quedar en el opa rei si no existe voluntad política y judicial para condenar con dignidad.

penetrados11º Acto: 10 hombres de raza blanca penetran a 10 mujeres de raza blanca

Para quienes no lo conozcan, Santiago Sierra es una artista español que reside hace tiempo en México DF. Su obra es muy interesante y provocadora, ya sean moral como políticamente.

Hace poco escribí de él en Arte Spain (uno de los blogs de mi trabajo), específicamente sobre su última obra, Los Penetrados, que causó mucha gracia a mi amigo Kike (vaya a saber por qué razones).

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Adrien Brody

Publicado: 6 marzo 2009 en Lo que me gusta
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adrien-brody

Como verán la belleza para el género femenino, o lo que las mujeres consideran bello, es simplemente un misterio porque no responde a parámetros comunes, sino más bien a una sensibilidad que transmite el sujeto considerado bello, atractivo y demás.

Aquí un ejemplo de ello: Adrien Brody, un tío muy atractivo, con esa su nariz merecedora de un poema de Quevedo, pero que rompe corazones a diestra y siniestra entre las féminas. Es necesario aclarar que su mirada tiene algo, no sé qué, pero algo que atrapa. A mi me gustaba mucho, pero desde que supe que tiene un chihuahua, medio que el amor se desvaneció..en fin.

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