Posts etiquetados ‘amor’

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Todo era amor. Amor creciendo. Vómito de amor. Amor mareado. Amor desequilibrado. Descerebrado amor. Amor redondo y estriado. Amor hinchado de pies a cabeza. Amor recostado, de izquierda mejor.

Y cuando pensaste que ya no podías soportar más amor, llegó el amor del bueno. Amor en el llanto. Amor en los dedos largos y finos que se prendían de tu dedo como si de ello dependiera el mundo, la sucesión de los días. Amor en los ojos hinchados que apenas se abrieron a la vida para ver la vida misma por primera vez. Amor en la succión: amor y dolor. Amor de mierda, literal amor a la mierda. Amor odioso a los cólicos y sus efectos. Amor, amor, amor: miradas de amor al dormir; miradas de amor para tetear, miradas de amor porque sí: para conocer más el amor.

Donde mirabas había amor y nunca lo habías visto: los ojos de ver se llenan de telarañas de odio en el vivir y olvidan el amor. El amor de los ojos de tu vieja. El amor del abrazo necesario entre hermanos cuando las papas queman. El amor de los amigos, ese que está ahí siempre. Amor en el viento que te golpea la cara cuando andas en bici. Amor al olor de los libros, sí nuevos mejor. Amor al olor a tierra mojada o tostadas en la mañana. El amor entrañable de las mañanas de otoño en estas latitudes calientes. Amor a la nariz estampada contra las sábanas después de una noche de sexo. Amor al estirar la mano y adivinar con las yemas la humanidad de tu compañero. El amor excitante de las ciudades desconocidas. Amor vértigo de la hamaca y los viajes. El amor a la tarea cumplida. El amor que late en el silencio.

Lo importante es que el amor vuelve para devolverme los amores olvidados: está ahí, va creciendo, metiéndose el mundo por la boca, chupando, durmiendo, berrincheando y sonriendo. En la medialuna que le dibuja la alegría en la cara tu corazón estalla de amor y todo tiene sentido.

Mercedes en la cama se preguntó cómo había logrado que ese rostro esté ahí: tan alcance de la mano, que era sólo estirarla y comenzar a saber de memoria y para siempre ese perfil, coronado de eso sojo que la miraban con la misma convicción y esperanza que uno mira la revolución.

Sí, así se sentía Mercedes: ella revolución, y el pecho se le llenaba de animales en fuga, se le hinchaba el pulmón de tanta vida que la ahogaba a la altura del cuello y le llenaba el tanque de lágrimas de sus ojos. Pero Mercedes no sabía que ella no era la revolución: ese hombre rojo, acostado, suspendido a 3 metros del piso en la Mendoza y calle 6, era su toma de la Bastilla; su Ejército Rebelde; su Emiliano Zapata y Pancho Villa.

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Mercedes en la ducha recordó esos ojos: hasta ese domingo, cuando la luz de la siesta se colaba por cada agujerito de la casa, no había visto esos ojos de un tenue borde verde exterior y al centro ámbar, tan claros que la obligaban a bajar la mirada para no descubrirle el alma.

Mercedes comprendió rápido que no podía sostenerle la mirada. Lo sabía desde ese lunes a la noche cuando lo tenía enfrente y no paraba de hablar como una tarada; mitad maravillada por su presencia ahí, al alcance de su mano; mitad por el miedo espantoso que le producía la existencia de “el problema”.

Mercedes en la ducha no puedo evitar preguntarse hasta cuándo la acompañarían esos ojos. Ahora sí estaba a salvo y todo lo que había vivido valía la pena: esos ojos allá arriba, a unos 20 cm de su cabeza, eran el signo más claro de que había llegado a casa.

Mercedes se sentó en la ducha y apoyó su espalda contra la pared. Cerró los ojos e imaginó que esos ojos asomaban en su entrepierna como mirada de yacaré en el agua y se pensó feliz.

ujjayi

Mercedes en la ducha se esforzaba por no pensar en nada: respira respira respira, se decía. Respira como Deshimaru. Deja ir como los monjes. No te apegues a ningún pensamiento.

Mercedes en la ducha quería poder lograr: que los pensamientos vengan, se muestren y los deje ir. Venir, mostrarse, dejarlos ir. Zazen, sólo sentarse y respirar se decía.

Mercedes en la ducha estaba ahí: intentando lo imposible: calmar la mente: detener el pensamiento: detenerse ella en el pensamiento.

Mercedes en la ducha vio venir a la deficiente emocional de su profesora de yoga. Después la voz del payaso de la oficina. Seguido de la cara de mal cogida de la compañera de la otra oficina. Volvió el perfil de su jefe, lo primero que venía del mundo al levantar los ojos de la pantalla. Los dejó ir.

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corazón

Mercedes en la ducha pensaba que el pecho se le había abierto y andaba por ahí, desparramando pulmones, alvéolos y corazón a los cuatro vientos. Decía que esto del des amor era como morirse sin haberlo hecho aún. El trámite de desnudarse del amor, de quitarse la piel como yarará y dejarla que se oree a Sol, le producía un profundo embole, sólo comparable con los días de humedad de su tierra.

Mercedes se pensaba que mudar el amor era lo más difícil del mundo y hasta que un nuevo depositario de la demanda amorosa llegue, iba a tener que meterse todo su amor en el pequeño pecho, abollarlo bien chiquitito allí entre la teta izquierda y la derecha, por debajo del esternón. De sólo pensar la faena, Mercedes desistía y se esmeraba en buscar en su teléfono, entre sus conocidos, en los contactos de facebook algún candidato para ejercer la dictadura del cariño en su humanidad.

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Día 1

La sorpresa

Arriba Meng, la necedad juvenil

Abajo K’un, lo receptivo

La imagen: El agua baja veloz y lleva todo a su paso. No es propicio moverse. Todo movimiento es desabarrancado por la la fuerza del raudal. Así como el raudal atraviesa las grandes calles de la ciudad de siete colinas, así la fuerza de la sorpresa atraviesa la existencia apática.

El hexagrama: Aplicado a los asuntos humanos, este hexagrama demuestra la fuerza con la que se manifiestan los actos humanos que no tienen antecedentes, inesperados. El poder de la sorpresa y el estado de asombro que provocan en el pueblo difícilmente pueden deslindarse de la locura. Mediante la quietud, el no movimiento, el hombre logra superar el estado de sorpresa. No dejarse cegar por el eco de la sorpresa es la clave del éxito.

MUTACIÓN

De la sorpresa a El dolor

Una habitación vacía. El eco de la sorpresa ensordecedor. Nada es propicio en la locura.

El dolor

Arriba Ken, manteniéndose quieto, la montaña

Abajo Sun, la docilidad, el viento

La imagen: El árbol sangra y no nada que decir. Todas las palabras se vuelcan para adentro. Los oídos sólo escuchan un llanto de niño pequeño. Nada que hacer frente al dolor. Sólo iniciar los trámites para que el circuito burocrático desanude la madeja. Así como la madeja se tejió con mentiras y suposiciones, así la fuerza de la verdad atravesará sus hilos dejándolos tensos y separados. Paciencia.

El hexagrama: Aplicado a las relaciones humanas, este hexagrama muestra la influencia de terceros en los asuntos propios. Nada será propicio prestando oídos a las habladurías. Nada es amable cuando los prejuicios reinan entre los gobernantes. La vida de los superiores se desprende de la vida del pueblo y allí, en ese vacío, está el dolor. Con paciencia y verdad se desprende el dolor. Rotundo éxito.

Una vez más Mercedes iba a forzar las letras para ajustarlas a las únicas palabras que conocía y que sin embargo no sabían decir nada de ella. Era como un mandato necesario, casi vital entre tanta palabra muda o ahogada que recorría sus días.

Y Mercedes pensaba en el amor y la vida como la misma cosa, sin darse cuenta que el amor y la vida fueron siempre dos buenas enemigas y que en nombre de la vida y sus responsabilidades; la vida misma le iba comiendo vida al amor. Así y contra todo pronóstico, Mercedes torcía su suerte y sentía un amor tranquilo/

que le estrujaba el alma en silencio/

que le alborotaba la mirada para dejarla ahí petrificada y muda ante el subibaja de la yarará que el amor, tranquilo, amor le producía en el ecuador de su cuerpo.

Y era entonces cuando a Mercedes le importaba muy poco la vida y la sucesión de los días o el odio en la oficina y esa forma tan violentamente enferma de ser de sus compañeros y el amor, tranquilo, amor lo inundaba todo, llenando el aire de olor a jengibre, hinchando los pulmones de cannabis y atajando cada bronca con la destreza inverosímil de Lance Amstrong.

Mercedes sabía que tenía que forzar las letras para ajustarlas a las únicas palabras que conocía y que sin embargo no decían nada de ella, así la yarará comía su amor y su vida.

Y otra vez todo tenía sentido. Amén.