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No sé cómo llegó a mis manos el manuscrito de la novela Tan lejos que olvidar volver, quizás de pura desidia, como sostiene su personaje, Fernando Funes. Pero lo cierto es que allí, con una lucidez bien acertada para mi estado anímico, Funes plantea que todo debe ser olvidado y eso se me antoja a la actitud de Heidegger cuando dejó de escribir porque ya no había nada en el lenguaje para nombrar el dasein.

Quizás la clave, no tan sólo de estos días que me resultan un hastío insoportable, sea esto: olvidar. Olvidar para no volver, ni siquiera a los lugares comunes en los que se sostiene la vida cotidiana. Olvidar con empeño de burro empacado. Olvidar esa nostalgia que nos lastima. Olvidar tu nombre, todos los nombres acuosos de mi memoria. Olvidar para que no duela porque la memoria es presencia de la ausencia y la ausencia es presencia del paraíso perdido, eso que ya no vuelve como dice el tango.

Hoy necesito olvidar, pero olvidar ya, de la noche a la mañana y ahí está el yeite: no se olvida de un sopapo. Olvidar lleva su tiempo, su paciencia, su devenir, su espacio. Es como borrar día a día el costado frío de la cama: tu recuerdo. Como desempolvar esta telaraña en los ojos que nos teje la cotidianidad. Como escupirle a la nada.

Quisiera que mañana el día me despierte con un olvido tan rotundo que ni siquiera me permita respirar.Para sacarme este recuerdo de todo lo que hace de mí este despojo de mujer.

Amén.

Entrar al diario de un escritor es como hacer un viaje después de muchos años. Llegar a una ciudad nueva y deslumbrarse con la sonrisa de cualquier chica, o invadirse de terror  por la mirada de un extraño. El Diario de John Cheever es parecido a eso: cometer todos los pecados del primer vistazo. Para juzgar, arbitrariedad y soberbia. Pero no me interesan todos los aspectos de su vida, sí cómo la escribió.

Sobre la primera impresión, escribí: Fascina ver cómo los hábitos más toscos y la lástima más empalagosa pueden crear un arte. Esto son los diarios de Cheever. Hay algo insano en ese comentario. Después, he leído otros fragmentos de los diarios y aprecio y envidio este diario, que escribió durante casi 40 años. Algunas anotaciones son inmejorables. Quien pretenda imitarlo quedaría como un idiota. ¿Hay un estilo cheeveriano? No lo sé. Sus críticos hablan de “su estilo”.

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los 70s

Una tapa de olla. Una tapa de botella. Una de ataúd. No. Esta historia tiene como fondo una tapa de inodoro y una pareja de amigos.

Salieron un año y se fueron a vivir juntos. Sin hijos. Pasa el tiempo. Acomodan muebles. Eligen pintura. Allí debería ir el aire acondicionado, allí una puerta. Las obsesiones van ganando espacio. Pequeñas erupciones que atormentan. Él cree que ella no tiene en cuenta ciertas cosas, como no bajar la tapa del inodoro para que el gato no tome agua de ahí. El problema quizá es el gato. Ella se ríe nerviosa. Dice que hay que dejarlo que haga su berrinche algunos días.

Ella sigue olvidando la tapa levantada.

Un día hacen una fiesta. Llegan amigos y extraños. Discuten en la pieza por lo de la tapa. Otra pareja se va. Toman la ruta. Se detienen a un costado. Terminan cervezas en lata. Toman una línea de cocaína. Él lo besa. Él también. Se piden perdón. Eso no está bien. Se cuentan a quienes extrañan realmente.

“Creo que gasté 30 años de mi vida, los primeros 30 años tratando de convertirme en algo.

Quería ser bueno haciendo cosas, quería ser bueno en tenis, quería ser bueno en la escuela y en las calificaciones… Y todo lo veía desde esa perspectiva: “No estoy bien de la manera que soy, pero si me vuelvo bueno haciendo cosas…”

Me di cuenta que no entendía este juego bien porque el juego era descubrir lo que yo ya era.

En nuestra cultura hemos sido entrenados para resaltar las diferencias individuales. Así que miras a cada persona y lo que vemos es si es más inteligente, más tonto, más viejo, más joven, más rico, más pobre… y hacemos estas distinciones dimensionales y las ponemos en categorías y las tratamos de esa manera. Entonces, vemos a los demás como separados de nosotros mismos y una de las características dramáticas de esta experiencia es estar con otra persona y de pronto ver las formas en las cuales el otro se parece a ti, experimentando el hecho de que lo que es esencia en ti, es esencia también en mí, es uno. Entendiendo que no hay otro. Es todo uno.

Yo no nací siendo Richard Albert, nací siendo un ser humano. Entonces aprendí esta historia de quién soy, si soy bueno o malo, consiguiendo o no… Todo eso se aprende durante el camino.”

*Algunas de las reflexiones que aparecen en el documental Zeitgeist.

**Esto me lo mandó ElCroata hace cosa de un mes, en el momento no le di importancia, pero hoy rasca, rasca donde me pica y mucho.

derecho penal

Fue hace cinco o seis años o más. Un amigo había cobrado el dinero de un juicio luego de la muerte de su madre. Nunca habíamos visto tantos billetes de cien. Él los escondía en un grueso tomo de derecho penal. Se fueron gastando, los fuimos tomando. Ese verano nos enamoramos siete o diez veces. Y tomamos. Leíamos Bukowski y quizá, en secreto, era nuestro guía. Pero Buk ya no tiene ese sabor. Parece un farsante que intenta ser gracioso, y a veces lo es.

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