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Life is hard

Publicado: 1 abril 2011 en Literatura Resistente
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Quizás ese texto deba ser escrito para una persona, pero hoy siento que quiero escribir a todos porque a veces sucede que uno extraña tanto que uno se mezcla en todos y porque también la palabra justa para alquien, la sea para todos.

La vida es difícil, de eso no hay duda y no estoy diciendo nada nuevo. Pero a veces te pasa por delante y por detrás, con todo su peso y de la forma menos inesperada. He leído bastante como para comprender lo que sucede en una estúpida película de Hollywood y aun así me animo a tipear ciertas verdades, ciertas maravillosas y simples impresiones que me dejó la película Eat, pray, love. Y ojo que no es la primera vez que la veo: ya van cuatro o cinco en estos últimos 6 meses.

Ni yo soy Julia Roberts, ni esto es New York, Italia, la India o Bali. No tengo más gurú que todas las personas que acompañan mi vida. Ni al final me espera Bardem o algún brasileño sexy. Y sin embargo hay tantas inmensas, simples verdades en este guión, aunque repita la fórmula del hartazgo como lo dirían Adorno y Horkheimer. Más aún si pensamos que la peli salió de un best seller de autoayuda, escrito por una mujer estadounidense que poco y nada (quizás) sabe en carne viva de las miserias que suceden a dos centímetros de su nariz y con la cual seguramente estaría en desacuerdo. Pero finalmente creo que a veces hay que despojarse de todo, especialmente del apego que producen ciertas teorías y pensamientos: mirar para adentro, detenerse entre tanto griterío en uno mismo, en el deredor sordo de tanta pedantería que nos gusta esgrimir. Y capaz allí, hasta la película más tonta del mundo tenga un algún mensaje.

Ya sé que están riendo: imagino las sonrisas socarronas, el sarcasmo dibujando una mueca grotesca en sus rostros, los ojos leyendo de saltones cada una de estas líneas que se les antojan tipeadas a la bartola por una minita que creyó encontrar la pólvora. O las ganas de escribir “por favor sacarme de esta lista de correo” por la cantidad de sandeces en las que pierde el tiempo esta chica.Voy a dejarlos hacer.

Sigan los que quieran porque yo los quiero a todos. No importa ya. Como una Julia Roberts del tercer o cuarto mundo, en una calle de tierra de un barrio perdido en la ciudad más aburrida (después de Formosa) del norte argentino he logrado perdonarme.

Ya no espero que nadie me perdone y creo que la clave está en perdonarse uno mismo.

No hay gurú ni Buddha ni Dios para tu culpa. Lo perdido, perdido está. Nunca serás más joven que hoy. Ni más bello. Ni más rico. Esos ojos que pensante que te pertenecían ahora son de él o de ella: o se los regaló a otro. Ese río, esa otra orilla después del puente Remanso, nunca fue tuya y sin embargo tanto así lo sientes en tu interior. Nada es para siempre y mucho menos el odio. Sólo la muerte. El miedo es lo único que no cambia. No existe más rechazo que el que uno mismo se impone. No hay más sufrimiento que el que uno está dispuesto a disfrutar.

La vida es muy compleja para tratar de reducirla a libros. Es mejor vivirla a secas: sin prejuicios y con el corazón abierto. El olvido es una de las pocas certezas. Pero también lo es el recuerdo cuando lo convertimos en cárcel. Nada es más importante que aquí y ahora. El pasado es una visera, que si la llevamos puesta siempre, no nos deja esperar el futuro. Imaginar debería ser cosa de todos días, más aún si nos animamos a imaginar otra forma de lo posible. Todos los días. En cada gesto. Dar es más gratificante que recibir.

La amalidad no cuesta nada. Y la violencia parece ser nuestra única moneda de cambio, lamentablemente. La vida ni es más fácil ni más feliz por muchas mujeres u hombres que te deseen y te cojan. Equivocarse es tan necesario como estar en lo correcto. No existen el bien y el mal por separado: somos ambos.

La felicidad, la paz, el cielo o el infierno viven dentro de uno mismo. Uno es el tamaño de todos. Y todos influyen en uno. La cura está en uno mismo: perdonarse a uno mismo, para vivir con ello.

Gracias a cada uno por ayudarme a curar. Por ayudarme a perdonarme a mi misma. Por ayudarme a encontrar mi equilibrio.

Sonríe con la cara.

Sonríe con el corazón.

Sonrié con la mente.

Sonrié con el hígado.

No tengan miedo a abrir su corazón: dejemos de ser tan trogloditas, tan palabra correcta, tan pensamiento acertado, tan robot sensible.

Para quienes no lo conocen, Slavoj Zizek es uno de los pensadores contemporáneos más lúcidos e interesantes, al menos para mi gusto.

En este entrevista para el Círculo de Bellas Artes, en España. Pasa el trapo a muchos temas que me interesan: el capitalismo, la izquierda contemporánea, la industria del arte, Hollywood y el cine, la cultura pop y las legitimaciones que sostienen esto que llamamos sociedad. No tiene pierde el Zizek, veánlo!

Noches púrpuras o My blueberry nights es una película que pasaron anoche por TV. Allí Norah Jones y Jude Law jugaban a encontrarse y perderse en los caminos de la vida.

Ella era una mesera que recorría Estados Unidos para olvidar a un amor. Él, un paciente pastelero-mesero-cocinero de un restaurancito en New York. No sé si era linda película, pero me recordó muchas cosas, muchas historias, mucho de esta vida, de esta muerte, de estos amores desencajados que rondan Asunción y Resistencia.

One flight down suena de momentos en el film, parece una condena…now you know… en esta noche de viento que todavía se niega al estampido de una lluvia torrencial.

“Creo que gasté 30 años de mi vida, los primeros 30 años tratando de convertirme en algo.

Quería ser bueno haciendo cosas, quería ser bueno en tenis, quería ser bueno en la escuela y en las calificaciones… Y todo lo veía desde esa perspectiva: “No estoy bien de la manera que soy, pero si me vuelvo bueno haciendo cosas…”

Me di cuenta que no entendía este juego bien porque el juego era descubrir lo que yo ya era.

En nuestra cultura hemos sido entrenados para resaltar las diferencias individuales. Así que miras a cada persona y lo que vemos es si es más inteligente, más tonto, más viejo, más joven, más rico, más pobre… y hacemos estas distinciones dimensionales y las ponemos en categorías y las tratamos de esa manera. Entonces, vemos a los demás como separados de nosotros mismos y una de las características dramáticas de esta experiencia es estar con otra persona y de pronto ver las formas en las cuales el otro se parece a ti, experimentando el hecho de que lo que es esencia en ti, es esencia también en mí, es uno. Entendiendo que no hay otro. Es todo uno.

Yo no nací siendo Richard Albert, nací siendo un ser humano. Entonces aprendí esta historia de quién soy, si soy bueno o malo, consiguiendo o no… Todo eso se aprende durante el camino.”

*Algunas de las reflexiones que aparecen en el documental Zeitgeist.

**Esto me lo mandó ElCroata hace cosa de un mes, en el momento no le di importancia, pero hoy rasca, rasca donde me pica y mucho.

Unos fragmentos de la película Amelie con el tema de Yann Tiersen, el compositor francés de la banda sonora del film.

Quienes hay visto la malísima película de Tranformers estarán de acuerdo conmigo: solo vale la pena mirarla por esta escena de Mega Fox (grito de Carayá)….

megan1
Porque lo demás señores y señorinas, es prescindible: increíble la escena de Robot Sensible, cual Liniers, al final… en fin, acá la Megan Fox para calentar el invierno del Rata.
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