Posts etiquetados ‘poema’

Abrí la puerta de la casa y ahí estaba el horror de no verte en la escena/

era el eco ensordecedor de la puerta golpeando el marco en la casa vacía, un retúnnnn que se extendía más allá de las palabras.

 

No había nada: la expresión más cabal de no verte en la escena/

y sin embargo estabas ahí en esa nada vaporosa, llena de no verte en la escena.

 

Cerraba mis ojos y allí estabas: tan llenando cada parte de la oscuridad con no verte en la escena.

 

Ese espacio insalvable entre yo y los demás era el tamaño de mi esperanza de no verte en la escena/

y donde quiera que vaya te llevaba.

 

Juré que jamás habría un no verte en la escena y que amaría hasta las lágrimas a cualquier marmota que se me cruce por dejar de no verte en la escena.

 

No había caso: la ausencia sería la más perfecta de las formas de tu presencia.

 

No sé me importa un pito que las mujeres

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;

un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,

al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco

o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de sorportarles

una nariz que sacaría el primer premio

en una exposición de zanahorias;

¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,

bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,

tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo

y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,

volaba del comedor a la despensa.

Volando me preparaba el baño, la camisa.

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,

de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.

“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,

ya me abrazaba con sus piernas de pluma,

para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia

que nos aproximaba al paraíso;

durante horas enteras nos anidábamos en una nube,

como dos ángeles, y de repente,

en tirabuzón, en hoja muerta,

el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,

aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!

¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…

la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,

¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial

entre vivir con una vaca o con una mujer

que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender

la seducción de una mujer pedestre,

y por más empeño que ponga en concebirlo,

no me es posible ni tan siquiera imaginar

que pueda hacerse el amor más que volando.

Poema de Oliverio Girondo, necesario poema de Oliverio Girondo para estos días que corren, en los que no imagino otra forma del amor más que volando.

Claro que no debía.

O sí.

Pero nunca se sabe con las urgencias del cuerpo.

Yo quería acostarme con un hombre viento: quedarme prendida en sus ciclos, suspendida dar vueltas como la bolsa de American Beauty y ser así, la belleza misma.

Sólo para él.

Sólo en esa cama.

Sólo en ese cuarto de paredes huecas.

Sólo en esa casa con pasillo largo que desemboca en escalera.

Quedarme enredada en su serpiente magnética roja.

Vivir la contradicción conocimiento-ignorancia.

Prenderme de su pulgar del pie derecho.

Absorber su chakra.

Dar origen al nacimiento como semilla amarilla florecer.

Vibrar en el tacto de su mano en mi cuello.

Sostener la noche en un abrazo que purifique la luz del día que viene.

Pero uno se pierde en esta soledad de calles y silencios,

en los 147 caracteres del estado de feisvuc,

en la rutina de un trabajo de 7 a 9,

en la ganas de que te cojan bien hondo, bien fuerte

y te acuestas con cualquiera, a falta de mejor cosa.

Ya ves

nada es serio ni digno de que se tome en cuenta,

nos hicimos jugando todo el mal necesario

ya ves, no es una carta esto,

nos dimos esa miel de la noche, los bares,

el placer boca abajo, los cigarrillos turbios

cuando el cielo raso tiembla la luz del alba,

ya ves,

yo sigo pensando en ti,

no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa

y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube

y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia.

Nos hicimos jugando todo el mal necesario,

el tiempo pone el resto, los oseznos

duermen junto a una ardilla deshojada.

J. Cortázar, en Papeles Inesperados.

* Tenía miles de ganas de escribir algo pero parece que el mono de la tinta lo olvidé por ahí y bueno, encontré este poemita de Don Julio, él que tanto me gusta y que siempre le pega en el clavo. Está en ese póstumo libro, que vale la pena comprar por más que a uno lo encule esto de la mercenaria industria editorial.

Martes. El hombre gordo
habla solo pero no está solo,
lo abruman cartas de oyentes
y la nicotina
y quién sabe que otros demonios, dulces y agrios
de la duda.

Corren los ‘90 y por el micrófono invita
a pensar motivos para vivir
ha hecho una lista cursi, y la lee.
Hay un puente muy corto entra la dicha
y la desgracia. Dos ríos que corren paralelo
sabemos que se tocarán
cuando no haya más motivos
para escapar
.

El almirante Cordero Vega tiene sus motivos.
No hace mucho que empezó
a tomar en serio los deseos escritos,
no hace mucho empezó a dejar
de tener miedo
de los pensamientos terremotos
que devoran la cabeza de los fieles.
Uno de esos deseos escritos era un libro
que no lo convencía gastar,
y Henri Michaux recorriendo Asia
se aparece en una edición usada y barata.
Un deseo menos que perseguir. Muchos
se espantan cuando la vida les sale como quieren.

No hay absolutos para el almirante:
hay hombres que “son buenos porque tienen miedo”
como dice la canción que fue puesta
para que el almirante si siente
e intente ordenar sus razones para vivir.
No tiene nada en el hígado
nada en su corazón; consume moderadas grasas
cambió alcoholes por té.

Sábado. El almirante despertará
con una sonrisa idiota
que dura lo que dura
el corazón de un picaflor
porque matarse es una cosa vana
como escribir inventarios para vivir.

El hombre gordo ríe y fuma.
Invita a los oyentes a andar en bicicleta,
ver dormir a un hijo, perder el tiempo.
Puede ser.

choripan

Yo no sabía que se estaba volviendo
un fanático de la enema
sus deposiciones eran escasas
y se tomó todas las plantas posibles.

Me mostró su última expulsión en el inodoro:
parecía un ? (pero sin puntito)
Dijo: no se puede andar dudando de todo.

Dioses, Tierra
llega el invierno
y todavía no pusimos vidrio
en la ventana de la cocina
tengan piedad;
hemos perdido cosas
el viento helado desgaja
ten piedad del ciclista
del que sale a trabajar en moto.

No oculten el sol;
ofrecemos nuestro sudor
pero no oculten el sol.

Nos tocó esta tierra baldía, ardiente
donde muchos sueñan con tocar nieve
pero
Dioses, Tierra
no se olviden de los
antimateria
átomos finos
los de a sopa y verduras y fideos y frutas.

El mundo no está bien:
no permitan que sea conquistado
por los choripaneros y chinchupaneros.

Imagen: Proyecto Remera

Si te dicen que lloré:
No les creas
es mentira
para prueba
te ofrezco recoger
lágrimas
metidas en los zapatos
mezcladas con el agua rancia del florero
raptadas por el cuello de tu camisa.

Si te cuentan que reí:
Ni les escuches
es broma!
Y si no crees
acercá el oído a la caracola
preguntále al gato donde maulló
arrancá el rosal de raíz…

Si te dicen que te quise:
Ni lo pienses
es falso
así como falsas
fueron las noches que
te arreglé la almohada
las veces que te esperé a la tarde
y sólo me devolvía
pájaros negros…

Y yo idiota
esperándote,
esperando
al menos tu silueta
ahí, en la palma de mi mano
manchada de tierra
de lombrices
Y vos no volviste…


Eduardo Barreto
Desde Asunción
Más cerca del Sol, que de la civilzación