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Para nr.-

Tiempo de la espera con letras raras como lo dijo Tacroa. “Otra vez son tus letras raras“, dijo entre mate y mate. Yo no supe que responder.

Tal vez tendría que haberle dicho que: “Casi todo en su lugar va siendo. Espera la espera de este tiempo, dilatado finito, esperando en la punta de los dedos. Dos viajes. Casi 400 km recorridos en la espera. Los días pasan en la espera. Un cielo, las nubes. El mismo cielo que nos encuentra. A veces de día. A veces de noche“.

Pero ni él ni yo entendemos esto que se teje en la espera porque para nuestros tristes ojos ciegos mundanos esto es visto como desencuentro.

Sin embargo, es espera, cómo y cuánto.

Lo sabe el corazón.

Me lo dice el corazón cuando te me acercas.

Me lo dicen tus ojos cuando de lejos, casi por la casualidad de andar buscando unos ojos, se cruzan con los míos entre el río de gente que siempre siempre nos separa en este desencuentro que no es otra cosa que la espera.

El cerebro se impacienta y en claves lógicas me dicen que dosmásdos es cuatro y que acá la cuenta está dando cinco o seis y así no se puede: hay-que-parar-de-contar-o-recontar-de-nuevo.

El alma se alborota de ansiedad y quiere ya el no-tiempo de la espera: un tiempo de encuentro.

Pero ya ves, a vos y Tacroa se lo digo: este es el tiempo de la espera.

Me lo dice el corazón en un ritmo rítmicamente acelerado.

Malambeando lento.

Dejando que tus ojos, en esos microsegundos, sean los dueños de mi sístole y mi diástole.

Me lo dicen tus palabras, mínimas milimétricas, esas que me dices en piel de bits o en el susurro de un morfema, que se desprende revelador y arrastrado entre tus labios.

Espera: ahora sólo puedo acomodar los retazos de mi alma a esta espera.

coffeash

One flight down….now you know you’re wrong suena. Nuevamente casi por error, casi por destino, ella había puesto ese tema de Norah Jones en el reproductor mientras escribía las cosas que se escriben para sobrevivir; y una y otra vez la canción resonaba diciéndole algo, hablándole de frente, ¿a su corazón?, ¿a su cabeza? En momentos como estos solamente puede resignarse al sonido suavemente violento de la canción, condenándola al eterno repeat one, hasta que llegue otra canción para sacarla de este vuelo en el que sabe que puede equivocarse, en el que ha visto su cara mucho más vieja que lo que recordaba.

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gritar

Quiero un silencio que me lacere limpio, de lado a lado de la vida.
Que me atraviese como un cuchillo caliente en la manteca. Que sea punzante y vivo.
No este grito negro en la noche.
Este cielo de gritos y ruido.
Grito con las manos.
Grito con los ojos.
Grito con mi sexo.
Grito con el cuerpo este cielo de gritos negros.
Ya no el infierno de silencio lacerante y vivo.
Grito ya no te quiero.
Grito no tengo miedo.
Grito que se ha perdido.
Grito que me sofoca.
Grito que estoy cansada.
Gritos contenidos.
Gritos que se solapan.
Gritos aún no dichos.
Grito que grita cosas.
Grito que no te escucha.
Grito ya no te quiero.
Grito: me estoy muriendo … gritos y ya no hay silencio.

reserva el yacare

En el borde mismo del ancho río, en la verde ribera del Paraná, se alza la Isla del Cerrito, pueblito chaqueño, antiguo leprosario de Argentina. Y allí, en el único vestigio de selva del árido Chaco, en la serpiente sinuosa del camino, marcada apenas por la espesa vegetación de sauces, palmeras y helechos, está la Reserva “El Yacaré”.

Recuerdo que era el tercero de nuestros viajes, lo llamábamos “el retiro espiritual”. Allí íbamos cada final  de año a lavar todas las presiones de la existencia en las aguas del río. Reglamentariamente éramos la tríada: el Gordo, Manuel y yo, aunque a veces solíamos llevar algún invitado. Ahora que el tiempo ha pasado y desde tan lejos, río arriba, puedo imaginar el ritual de planear el viaje , el sortilegio de la anchura misma de su playa, la ondulación de cada curva del camino que nos acercaba más al alto cartel de “Bienvenidos a la Isla del Cerrito, perla del Paraná”, en la memoria me galopa el pasado.

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