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Hoy se cumplen 41 años de la muerte de Alejandra Pizarnik. Quien tuvo el estómago de leer sus Diarios, se habrá encontrado con el relato en el que Alejandra decide que morirá unos 6 años después de eso que está escribiendo: un acto performativo como pocos, en donde el mismo acto de la escritura toma vida, en este caso muerte.

Canal Encuentro encargó un especial de la vida de la poetisa, que se materializó en este documental de cuatro entregas, Memoria Iluminada I: Alejandra Pizarnik. Está disponible el link para verlo online o descargarlo, aprovechen, úsenlo en las aulas, en la casa, en los parques, en la cama, en la mesa, en los baños, que vale la alegría enamorarse de la poesía.

Si tienen la chance, cómprense Poesía Completa, allí están dos libros, Árbol de Diana y Los trabajos y las noches, para mí los más intensos. Se escribió mucha y buena y bella y visceral poesía, pero nada condensa mejor esta vida que la línea que dice “esta noche he visto pero. Nadie es del color del deseo más profundo“.

A tu salud, a tu muerte Alejandra.

Y sé muy bien que estarás.

Estarás en alguna calle,

en el vacío que brota de esta caja de zapatos

que me obligo a llamar mi casa,

en el asiento vacío del colectivo,

y en esa sonrisa amable que sólo

es pura amabilidad,

en los poemas que leo,

en los sms ” ok nos vemos”.

Estarás en mis sueños,

en el destino original de

todas las palabras que tengo para decirte,

en una cifra telefónica,

en el color de un suéter,

en unos guantes.

Me enojaré amor mío,

sin que sea por ti.

Y compraré un vino,

pero no para ti.

Me pararé en esa esquina

a la que no vendrás,

y diré las palabras que se dicen

y comeré las cosas que se comen

y escribiré las cosas que se escriben

y sé muy bien que estarás,

aquí dentro, en la cárcel

donde te imagino,

allí afuera, en ese río de

que es la Alvear.

Estarás para todo,

pero serás sólo un recuerdo,

y cuándo piense en ti,

sentiré un sentimiento

que negadamente

trata de acordarse de ti.

 

Este poema me habló cuando me compré Salvo el crepúsculo y desde siempre lo sentí como un oráculo. Hoy más que nunca es verdad, y bien podrían tomar la forma de un cuento, pero ya ven, la autora pirata es muy haragana.

Elegir un poema es descubrirse en él, y reescribir el poema en las torpes palabras de uno, es ejercer un acto de destrucción hacia aquello que creíamos seguro y amamos, por eso quizás es necesario exorcizar la precisión de las palabras de Julio Cortázar con mi futuro negado.

Hace más de seis meses que no me atrevía a teclear palabra por este espacio, un poco por haragana, un poco por la vida misma que no da tregua. Pero hoy me tomo unos minutos para invitarlos a este encuentro: se trata de ciclo Con Ton y Son que comienza este jueves 14 en el Cecual a las 21 y tiene como objetivo celebrar la palabra y el arte.

En la inauguración estarán el Chino Niveiro en guitarra y Leckott Zamora en voz y poesía para alegrar la noche, junto a la participación de Lucio Sodja. El ciclo es parte del trabajo del Ateneo de Escritores Corina Pittau, un espacio que gratamente me tiene como amiga y donde están muchos amigos, así que bueno, nada más que verlos el jueves 14 a las 21 en el patio del Cecual (Santa María de Oro 471).

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Tras el exitaso de Poemas con famosos, Tony Zalazar me invitó a formar parte de este engendro, que dio en llamar Parrincesto. Este viernes 21, a las 21, en el bar de la Casa de las Culturas se promete lectura, música y arte en vivo, así que los pueden, vayan!

Acá la reseña lúcida del zar editorial Tónico:

Después del vilipendio antológico de “Poemas con Famosos” el Ananga Ranga Taller no madura y lanza esta nueva antología enfermiza que surge del indiscreto deseo de conocer y exhibir qué poema ajeno rescatan los poetas de la vasta biblioteca universal. Tarea ardua o misión imposible, elegir Un poema entre los tantos leídos y relamidos en la vida. Pero este deseo impertinente, atizado aún más por la curiosidad, no se conformó con el apriete electivo, sino que nos impulsó a solicitarles que expliquen brevemente el atractivo que dicho poema ejerce sobre ellos, poetas-lectores. Y para finalizar, ya obsedidos por el fisgoneo, les demandamos sin escrúpulos que intenten una nueva versión del poema elegido.

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UNO Menuda tarea la de escribir acerca de la poesía, más aún cuando a este inmenso sustantivo añadimos un gentilicio: chaqueña. No sé si existe la poesía chaqueña, japonesa, paraguaya o lo que sea. Sí sé que la poesía de este rincón del mundo que me toca habitar tiene el nombre de mis amigos. Sí sé que la poesía de mis amigos es escrita con algodón en la garganta, con dedos temblorosos que galopan un teclado o empuñan la birome, en los momentos más solos, más inmensos, más profundamente íntimos, donde uno comienza a cercar la muerte, donde encierra la soledad para decirle que se vaya, que nos deje vivir de tanta esperanza. Y también sucede, que la poesía que escriben mis amigos es un grito de libertad, un rayo de sol ardiente en una siesta de otoño, un lugar en el que descansar este animal herido que llevo en el costado izquierdo, abrir la puerta y salir jugar. La poesía que escriben mis amigos, la poesía de este rincón del mundo que me toca habitar, es “vivir como si la vida fuera una especie de locura que hace la muerte”, como dice Clarice Lispector. Así que, a la salú de esta suerte de locura que es leer y vivir la poesía que escriben mis amigos van estas líneas.

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Puedo escribir los versos más tristes esta noche, pero me importa un bledo; eso ya lo ha hecho Idea Vilariño.

Entonces me empeño en buscar el punto rosado en la entrepierna,

amasarlo lentamente para que desde allí brote tu presencia.

Para que que me beba en esta cama vacía, hasta que las paredes me aprieten y escupa el alma.

Y por fin demuestren que algo habita en ese hueco inmenso del costado izquierdo de mi vida que has dejado.

Cielo de Asunción, Paraguay

Foto: MK

– Estaba buscando un lugar decente para tomar vino, y un chaval que arrastraba su cabeza de un cinturón me dijo que a cien pasos al oeste estaba la choza de Li Po. Eso tenía que verlo… Te imaginaba más alto.

– Y yo a ti más bajo. Pasa. Has venido al lugar indicado. Quítate los zapatos y arrodíllate conmigo a beber este delicado néctar.

– Pero si estoy descalzo, tío. Me los quitaron a la entrada. No sabía que el infierno era un templo budista.

– Es eso y más. Pero aquí no hay demonios.

– Pero está lleno de pillos: me han robado mi máquina de escribir. Me duelen un poco las piernas. Cuando crucé la puerta del infierno se achicaron los muslos, parecen tallos de bambú. ¿No tienes algún té para calmar dolores?

– No tengo cómo calentar agua.

– Ahora que lo mencionas, no he visto ni una maldita fogata. Li, me gustan tus poesías sobre nubes y ríos y canoas.

– A mí, tu poema del pájaro azul chico. Pero eso de que no lloras, es pura mentira, mierda literaria.

– No lloro, me quejo.

– Lo primero que has hecho al entrar aquí es mariconear por tu máquina de escribir…

– Estoy amputado sin ella.

– Escribe a mano entonces.

– No puedo, necesito aporrear algo.

– Sabes, cuando llegué aquí, me rebajaron mi dosis de vino. En la tierra, el anciano Ji lo destilaba de un modo único. Prueba, es mejor que el té.

– Debo confesarte que me emborraché más de la mitad de mi vida, pero nunca se me ocurrió tirarme al agua para abrazar la luna: eres un genio, Li. Y este vino es más claro que tu poesía…

– Vale. Para serte sincero, tampoco entendí mucho tu poesía. Debe ser por las traducciones…

– No te preocupes, yo tampoco entendí a Norteamérica. Tú estás hace varios unos siglos acá: beber la eternidad no debe ser muy divertido.

– Podemos dar una vuelta por el cielo si lo deseas…

– ¿Qué hay para hacer en el cielo?

– Seguir tomando vino y componiendo versos.

– No mucho entonces.

– No.

*Este texto tendría que haber cerrado el 2010, pero es una buena forma de iniciar el 2011.