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Y sé muy bien que estarás.

Estarás en alguna calle,

en el vacío que brota de esta caja de zapatos

que me obligo a llamar mi casa,

en el asiento vacío del colectivo,

y en esa sonrisa amable que sólo

es pura amabilidad,

en los poemas que leo,

en los sms ” ok nos vemos”.

Estarás en mis sueños,

en el destino original de

todas las palabras que tengo para decirte,

en una cifra telefónica,

en el color de un suéter,

en unos guantes.

Me enojaré amor mío,

sin que sea por ti.

Y compraré un vino,

pero no para ti.

Me pararé en esa esquina

a la que no vendrás,

y diré las palabras que se dicen

y comeré las cosas que se comen

y escribiré las cosas que se escriben

y sé muy bien que estarás,

aquí dentro, en la cárcel

donde te imagino,

allí afuera, en ese río de

que es la Alvear.

Estarás para todo,

pero serás sólo un recuerdo,

y cuándo piense en ti,

sentiré un sentimiento

que negadamente

trata de acordarse de ti.

 

Este poema me habló cuando me compré Salvo el crepúsculo y desde siempre lo sentí como un oráculo. Hoy más que nunca es verdad, y bien podrían tomar la forma de un cuento, pero ya ven, la autora pirata es muy haragana.

Elegir un poema es descubrirse en él, y reescribir el poema en las torpes palabras de uno, es ejercer un acto de destrucción hacia aquello que creíamos seguro y amamos, por eso quizás es necesario exorcizar la precisión de las palabras de Julio Cortázar con mi futuro negado.

Partimos de la premisa que no digo nada nuevo: Roberto Bolaño fue un inmenso poeta, Los perros románticos es el título que reúne gran parte de su obra en verso y es conocido por todos.

Hasta hace unos días el Bolaño poeta era totalmente desconocido por mí: siempre pensé que este chileno era un narrador de la puta madre, que no es poca cosa, y sin embargo con La Universidad Desconocida me desayuné con un poeta intimista y universal: doblemente no poca cosa.

A La Universidad… la compré por dos cosas: primero porque salía $10 con la edición de Página/12, y segundo porque andaba con hambre de una lectura cómoda que pueda llevar a todos lados y que sea leída en cualquier momento: la poesía es un buen alimento ante esta necesidad, pruebénlo.

Lo grato, lo novedoso es haberse encontrado con un Bolaño que es doblemente inmenso: que es íntimo y universal con igual intensidad. Que se abre desde su experiencia de vagabundeo por la viaja Europa para meterse de un tiro en tu vida, en lo que te pasa en ese mismísimo momento en que tus ojos recorren las letras de las palabras de los poemas del libro de Bolaño: simplemente hermoso, como pocas cosas!

Yo creía que había leído las palabras pa-ra-mí cuando Pizarnik me decía “Esta noche he visto pero no/nadie es del color del deseo más profundo”, pero en el centro mismo vino a arremeter Bolaño, desde un librito de edición económica, con “Esperas que desaparezca la angustia/mientras llueve sobre la extraña carretera/en donde te encuentras/Lluvia: sólo espero/que desaparezca la angustia/estoy poniéndolo todo de mi parte”.

Uno último, para convencerlos de los efectos felices del Bolaño poeta:

Ahora tu cuerpo es sacudido por

pesadillas. Ya no eres

el mismo: el que amó,

que se arriesgó.

Ya no eres el mismo, aunque

tal vez mañana todo se desvanezca

como un mal sueño y empieces

de nuevo. Tal vez

mañana empieces de nuevo.

Y el sudor, el frío,

los detectives erráticos,

sean como un sueño.

No te desanimes.

Ahora tiemblas, pero tal vez

mañana todo empiece de nuevo.

Gracias Bolaño, tu poesía me ayuda a soportar estos días.

julio

A la muerte de todo escritor le sigue una seguidilla de descubrientos alucinantes, obra del resguardo del heredero de sus derechos de autor. Este año se cumplieron los 25 años de la muerte de Julio Cortázar y era de esperarse que algo se venía.

Pues como verán no en vano a veces leo Para Tí (cuando nadie me ve) y acabo de enterarme que este mayo en España y Argentina sale a la venta Papeles Inesperados, un libro de 450 páginas editado por Alfaguara.

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Ahora que Roberto Bolaño es reconocido por USA, se me dio por volver a estos fragmentos de la entrevista que alguna vez dio para la TV chilena, en el programa La belleza de pensar, de Cristian Warnken Lihn.

Hay que ver lo pelotudo que uno se pone ante figuras como éstas, tratando de ser incisivo e interesante, hasta el punto que da más risa que lástima. Y el poema de Mistral, jaja, me encantaría saber lo que Bolaño habrá pensado en secreto de la Mistral.

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El viernes pasado en un mail (no muy feliz) que me mandó Kike recordé, como tantas cosas que olvidé, el término “cristos flaquitos”, que alguna vez nombra Juan Gelman en su hermoso libro de poemas Interrupciones II (que El Croata no quiere vender)…

En fin, no encontré el poema justo, pero sí otros que están en ese libro y hablan un poco de lo que siento, de lo que me parece el estado actual de las cosas, especialmente de mi vida y mi trabajo.

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