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A las 6:57 pm recordé el eclipse de luna: era tarde para ver el suceso que la galaxia nos regalaba. Entonces recordé las palabras de Borges, que un día atrás hacía 25 años se había ido. Era algo así como que antes el lenguaje, las palabras, la poesía tenían ese poder místico que al decir “Luna”, uno invocaba a la Luna misma.

Me quedé mirando fijamente a esa luna que se recortaba perfecta, redonda, brillante sobre el cielo azuloscuro de la tarde, que caía al lado oeste de la ciudad.

La miré tan fijamente, tan nítidamente con estos ojos que ya no ven, que parecía que la luna me estaba hablando en un idioma que había olvidado y que sólo recordaban los latidos de mi corazón.

Pensé en el escritor ciego que invocaba las palabras como la cosa misma. En las penumbras que pronto se tejieron en sus ojos, en las lunas que imaginó en su poesía, en las lunas compartidas que están vedadas a mis ojos. Me sentí sola y ciega como el escritor ciego, alegremente atravesada por los destellos de esa Luna que me miraba.

Miré tan ciegamente la Luna, hasta que mis lágrimas dibujaron las sombras de un eclipse inventado sólo para mí.

Tumba de Borges en Ginebra

Foto: Nelson Viveros, 2005

Lo último que le faltaba a la argentinidad al palo en este Bicentenario: la Fundación Internacional Jorge Luis Borges publicará en los 200 años patrios Los Rivero, la novela-cuento-algo inédita de Jorge Luis Borges, curiosamente encontrada (24 años después de su muerte) entre los papeles que se guardan del ciego en la Universidad Austin de Texas.

Un robo más en nombre de Borges y al bolsillo de la Kodama y las editoriales que lo publican, ya que como saben todos, Borges es uno de los pocos autores que es un boom de ventas, aún después de muerto, con casi más páginas publicadas después de su muerte que lo que publicó en vida.

Claro que yo me compraré, de morbosa y estúpida que soy, además de lo mucho que me gusta el ciego. Ya les contaré si es un fiasco como El tamaño de mi esperanza o qué.

Vamos a ver si se lo consigue porque la edición será así:  una tirada de cien ejemplares numerados y firmados por el editor, realizados en papel de grabado, en rama. “En las cuatro páginas manuscritas, cuyo facsímil acompaña al libro, el nombre de Borges está escrito con la letra de su madre. Y es que, como cuenta Julio Ortega, ella le ayudaba a escribir, cuando el escritor estaba perdiendo la vista y cuando se quedó ciego“.

Fuente: El mundo

Ayer, pero hace 110 años atrás, un 24 de agosto nacía Jorge Luis Borges, mi escritor favorito y también del amigo Javier Viveros.

A falta de tiempo y talento para escribir algo, este es mi pequeño recuerdo a su memoria.

ricardo_piglia

El último cuento de Borges, el que imaginamos (sorprendidos por la perfección de ese fin) como el último cuento de Borges, surgió de un sueño. Borges, a los ochenta años, vio un hombre sin cara que en un cuarto de hotel le ofrecía la memoria de Shakespeare. “Esa felicidad me fue dada en Michigan”, cuenta Borges. “No era la memoria de Shakespeare en el sentido de la fama de Shakespeare, eso hubiera sido muy trivial; tampoco era la gloria de Shakespeare, sino la memoria personal de Shakespeare. Y de ahí salió el cuento”.

En el relato, un oscuro escritor, que ha dedicado su vida a la lectura y a la soledad, por medio de un artificio muy directo y sencillo (como los que Borges ha preferido siempre para construir un efecto fantástico) es habitado por los recuerdos personales de Shakespeare. Entonces vuelve a su memoria la tarde en la que escribió el segundo acto de Hamlet y ve el destello de una luz perdida en el ángulo de la ventana y lo desvela y lo alegra una melodía muy simple que no había oído nunca. “A medida que transcurren los años, todo hombre está obligado a sobrellevar la creciente carta de su memoria. Dos me agobiaban, confundiéndose a veces: la mía y la del otro, incomunicable. Al principio las dos memorias no mezclaron sus aguas. Con el tiempo, el gran río de Shakespeare amenazó, y casi anegó, mi modesto caudal. Advertí con temor que estaba olvidando la lengua de mis padres. Ya que la identidad personal se basa en la memoria, temí por mi razón”.

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