Posts etiquetados ‘historia’

pesolibros

Como es de saber, a nuestro tiempo le gustan los ránkings de todo tipo: lo mejor de Michael Jackson, las mejores yiyis del universo, los políticos más honestos (¿?), los países más pobres, más corruptos, donde mueren más niños, donde matan más en calles, en los bares, en fabelas, en las villas…

Y la literatura no podía estar fuera de esta moda, así que aquí los 100 libros más influyentes de la historia, listado realizado por el crítico literario Martin Seymour-Smith. Entre los 10 primeros tenemos libros religiosos y claro, el I-Ching, para los millones de inocentes que buscan su futuro en galletas de la fortuna.

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cioran

* A Roberto, que además de profesor, colega y amigo, fue la única persona que me enseñó algo humano en 17 años de educación formal.

Nada seca tanto la inteligencia como la repugnancia a concebir ideas oscuras.

Para quien haya respirado la Muerte, ¡qué desolación el olor del Verbo!

Más que un error de fondo, la vida es una “falta de gusto” que ni la muerte, ni siquiera la poesía, logran corregir.

La filosofía sirve de antídoto contra la tristeza. Y hay quienes creen aún en la profundidad de la filosofía.

Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede?. Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez “tocado”, ya no soy yo quien decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él, enzalzar la libertad es dar pruebas de una salud indecente.

¿La libertad?. Sofisma de la gente sana.

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atardecer en Recia

Foto: CasandraCactus

A veces me atraviesa una tristeza, que se queda ahí: clavada en el pecho y es un miedo gigante que sostiene la nada.
Se queda un rato atravesada en mi garganta, como un nudo, apretando. Entonces hago lo de siempre: la escribo y me callo. Y poco a poco la tristeza va cediendo, va tomando nombres, rostros, recuerdos. Y ya no es esa mano apretada que está a punto de asfixiarme, sino una preocupación concreta, mundana.

Parece que poco a poco me la voy tragando al ritmo de mis palabras y es entonces cuando cede la tensión.
Ahora, prontito, casi es el miedo pequeño al retorno, el miedo inmenso a que no quieras a tu lado. Es la nostalgia de mis muertos. O la nostalgia futura de los que quedan en esta margen del río.

Es la cara de la Elsa cuando vuelve del trabajo. Es Debora enojada, no entendiendo casi nada de esto que es su vida. Es tu silencio. O Patricia gritándome su odio. Es la vez que entré al sanatorio a verlo. O esa mañana fría en la que guardé para siempre a la Osa, debajo de la palmera.

Es la pausa en algún relato de Lucas. O la vez que me subí al micro, camino a Asunción para siempre. Es el abrazo resignado en la puerta de mi casa un 24 de diciembre de 2004. Es el llanto contenido de mi abuela , preguntándome por qué me fui tan lejos.

Así, poco a poco, la tristeza va cediendo. Me deja y se deja acostarse en la cama. La va ganando el sueño.

Espero que mañana no me quiete el aliento.

*Texto escrito hace 5 años, primeras pisadas en Asunción, primeras distancias de la Resistencia.

cuatro paredes

Camino tres pasos y el puente se mueve, corro para alcanzarlo y se pierde en el horizonte. La angustia me invade por no conseguir al menos tocar la baranda, apoyar el pie en algunos de sus maderos y poder así cruzar ese espacio vacío.

Todas las noches sueño lo mismo: el puente, el vacío, mis ganas de avanzar. Qué pasa si pienso en soñar con el pasado, pero como nunca recuerdo de dónde vengo y qué precisamente estoy haciendo, entre estas cuatro paredes, el cansancio me gana.

Lo seguro es la sensación de que me falta algo, como un miembro. En la oscuridad se esclarece lo escaso, tengo los diez dedos, los dos brazos todo en perfecta simetría. Seguro que la espera y esta inanición me hacen delirar.

Busco el punto exacto en donde siempre fijo la mirada, el techo, con sus vigas y esas telarañas sin presas. Cierro los ojos para volver a ver, el horizonte, con sus colores difuminados, el puente, el vacío y de nuevo las ganas que se inyectan a mis pies para correr, alzar la mano y sujetar a ese pedazo de madera que vive, que se escapa, que tiene como profesión lo fugitivo.

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yacare

“Al cabo de un rato comprendí que el paraíso estaba lleno de deliciosos problemas. Que existía la incertidumbre y la esperanza y aun el desengaño. Pero que todo asumía la más noble de sus formas. Y entonces tuve la certeza de que ese era el paraíso que Alguien había pensado para mi, el único posible”.

Final del libro “El Fantasma” de Alejandro Dolina.

Cuentan los cuentan que hace un año el yacaré cruzaba a nado desbocado las turbias aguas del Paraguay. Y allí en la tierra resistente del Chaco Argentino se encontraría con nuevos lectores, amigos y detractores, que celebrarían en las más variadas formas esta empresa.

La leyenda sostiene que en la casa de una esquina cualquiera se encontraron asuncenos y resistentes para fraguar el plan: los primeros hace años sostenían un yacaré que quería conquistar el mundo, los segundos simpatizaban con la idea, pero consideraban que el mundo no era vasto, que debían conquistar también sus alrededores. Así, hijo de la improvisación y las ganas, el yacaré unió, acercó e imprimió en sus páginas, la doble realidad de Asunción y Resistencia. Y por fin se materializaron las palabras del místico Elbo Cero del yaca.

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