Archivos de la categoría ‘Lo que pienso’

Estoy leyendo Cuadernos de crianza, un diario de un papá enamorado que cuenta las vicisitudes de estos mostros que llamamos hijos. Se lo regalé a Aldo para que viva su paternidad de otra forma y terminé  aplicando las fórmulas que propone el papá de Gretel (y me refiero a él así porque desde que uno tiene un hijo, el nombre desparece y nos convertimos “en la mamá de” o “el padre de tal”).

Ayer en la sala de espera del médico leí sobre el Efecto Beatles y decidí ponerlo en práctica a la noche. Mi mostra ya tiene un año, pero hace unos meses viene complicada  para relajarse y conciliar el sueño, sea de siesta o de noche. De más está decirles que esto sólo lo hace conmigo (muy especialmente) y a veces con el padre.

Hay dos cosas que uno pierde en la maternidad/paternidad: la objetividad y la capacidad de decirse verdades a uno mismo. Para mí va la segunda en relación al sueño de Eloisa: me cansé de andar por el mundo comentando lo bien que dormía mi hija y lo nada que me costó ser madre, en términos de sueño. Mentira!, o al menos ahora que es más grande esto es mentira porque Eloisa no duerme tan de corrido como me gustaría y pone a prueba mi umbral de paciencia, específicamente a la noche cuando tengo todo el peso del día.

Ni hablemos del momento mismo de dormir: su cuerpo establece una batalla campal con mis brazos y se retuerce como loco en camisa de fuerza. Claro que todo esto lo hace ya casi dormida porque uno la mira a la cara y tiene los ojitos cerrados, parece casi un ángel: un ángel endemoniado que se resiste a pasar al mundo de Morfeo. Luego de 30 minutos o una hora de brazos, canciones susurradas, música para relajar bebés, paseos, hamaqueo y acostarse frente con frente en la cama, Eloisa decide finalmente dormir y su cuerpecito se vuelve una bolsa de papa.

Anoche, por obra y gracia del Efecto Beatles, después de escuchar sin ninguna sensibilidad Across the universe, Eloisa sucumbió en 20 minutos a la melodía de While my guitar gently weeps, casualmente uno de mis favoritos:

Veremos si la magia se repite: en cuestión de hijos, nada es fija.

Editar textos

Nos llegó la crisis y en IsabellaVeneno salimos una vez más al mundo laboral en busca de unos pesos extra: no pretendemos mucho. Esta señora y yo estamos agradecidas de todos los que nos tendieron una mano en estos años y felices de sabernos redactoras/editoras/periodistas, nos tiramos al mundo de las vacantes en busca de alguien que quiera nuestros servicios.

IsabellaVeneno y yo no seremos muy creativas, pero compensamos la falta con compromiso, responsabilidad y minuciosidad. Sabemos investigar, entrevistar, escribir los más diversos textos de los temas más extraños o convencionales: el límite es la imaginación del cliente. Somos muy buenas en corrección orto tipográfica y de estilo, además de edición y cuidado integral de proyectos editoriales y/o publicitarios.

IsabellaVeneno y yo trabajamos por obra o proyecto: amamos un poco la libertad que nos da no depender oficialmente de nadie, pero prometemos compromiso y cumplimiento de metas y tiempos. Tenemos monotributo y factura: todo en regla.

Los interesados en contactar nuestros servicios de edición y redacción, ya sea en Chaco, Argentina o el exterior, nos encuentran en monicakrei@gmail.com; Mónica Kreibohm o @IsabellaVeneno.

Sabemos que no es fácil, pero elegimos vivir de la palabra!

ujjayi

Mercedes en la ducha se esforzaba por no pensar en nada: respira respira respira, se decía. Respira como Deshimaru. Deja ir como los monjes. No te apegues a ningún pensamiento.

Mercedes en la ducha quería poder lograr: que los pensamientos vengan, se muestren y los deje ir. Venir, mostrarse, dejarlos ir. Zazen, sólo sentarse y respirar se decía.

Mercedes en la ducha estaba ahí: intentando lo imposible: calmar la mente: detener el pensamiento: detenerse ella en el pensamiento.

Mercedes en la ducha vio venir a la deficiente emocional de su profesora de yoga. Después la voz del payaso de la oficina. Seguido de la cara de mal cogida de la compañera de la otra oficina. Volvió el perfil de su jefe, lo primero que venía del mundo al levantar los ojos de la pantalla. Los dejó ir.

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todo hay s.a.

Mercedes en la ducha pensó que tenía que dejar de pensarse esas pavadas que pensaba en la ducha: a nadie le importa eso que sucede dentro de uno, que torpemente llamamos angustia o alegría. “La procesión va por dentro”, le había dicho la Elsa, que era más sana que nadie y de la vida sabía mucho. Sin embargo, Mercedes se dijo japirona la mundo ahora que en Paraguay cada día era una atrocidad distinta: iba a dejar correr la bronca y esa nostalgia de tereré con koku que le invadía el día.

Y Mercedes se entregó al llanto desesperado de la angustia de lo que fue y ya no ha sido. Se dejó habitar por la memoria de la otra orilla y se fue con cada lágrima por los raudales de Asunción. Y otra vez fue la casa empinada de República de Colombia y Parapiti; los últimos tiempos de un gobierno colorado que agonizaba y sobre todo fue la juventud; los años en dónde todo estaba por descubrirse y la vida vibraba acelerada bajos sus pies en esa ciudad nueva.

Mercedes se imaginó sentada en El Rubio y a Oscar sirviendo ese endemoniado y frío ñoño de Colón. Y se vio amada por ese amor disimulado que los perro ensayan porque no es políticamente correcto hablar de esas mariconerías. Se entregó al vacío inmenso que esos años; esos amores; esos odios; ese país y esas calles abrían en la mitad de su pecho a pesar de tanto tiempo felizmente vivido.

Trató de recordar el olor de Asunción, específicamente, el del Mercado 4 y descubrió que ya ni estaba en su nariz. Mercedes ensayó los detalles de cada rostro: las mejillas rechonchas de Bazzano al sonreír; la mirada distante y el todo de Viveros; el gesto de reproche de Hellboy; la cara de pícaro de Guararaso; los ojos inmensos del prologuista; la ceja interrogante del Edu; y ese timbre inconfundible de Elbolazo diciendo monikrei y sus brazos que te envolvían como un yeti.

Mercedes volvió a esta orilla con el cosquilleo en el estómago que produce el 30 Azul bajando, de Oliva a Perú.

Mercedes en la ducha pensó una vez más en cuánto de todo lo lejano y ajeno seguía latiendo en su costado izquierdo y qué oximorón más estúpido era que el techagau lata tan fuerte ahí adentro, ahora que por fin era feliz.

pizarnik

Hoy se cumplen 41 años de la muerte de Alejandra Pizarnik. Quien tuvo el estómago de leer sus Diarios, se habrá encontrado con el relato en el que Alejandra decide que morirá unos 6 años después de eso que está escribiendo: un acto performativo como pocos, en donde el mismo acto de la escritura toma vida, en este caso muerte.

Canal Encuentro encargó un especial de la vida de la poetisa, que se materializó en este documental de cuatro entregas, Memoria Iluminada I: Alejandra Pizarnik. Está disponible el link para verlo online o descargarlo, aprovechen, úsenlo en las aulas, en la casa, en los parques, en la cama, en la mesa, en los baños, que vale la alegría enamorarse de la poesía.

Si tienen la chance, cómprense Poesía Completa, allí están dos libros, Árbol de Diana y Los trabajos y las noches, para mí los más intensos. Se escribió mucha y buena y bella y visceral poesía, pero nada condensa mejor esta vida que la línea que dice “esta noche he visto pero. Nadie es del color del deseo más profundo“.

A tu salud, a tu muerte Alejandra.

Cortazario - Julio Cortazar - Alejandra Pizarnik

Ahora que hace 50 años que se publicó Rayuela; y que el mundo es un confuso y triste hipertexto, mucho más oscuro y desolado que la carta al bebé Rocamadour; y a mi se me ocurre recordar cuando Alejandra Pizarnik perdió el manuscrito de esta novela, y también, por qué no, pensarme que las grandes obras necesitan más de dos manos; que se debe tejer el encanto de la propia vida literaria en colectivo porque juntos somos más para reírnos de la muerte y sí vamos a estar solos y no hay tu tía, que la cosa sea más llevadera de a dos, cuatro, seis.

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palabras

Leyendo Papel en blanco me anoticio de que existe una ley para medir las palabras más usadas y menos usadas en la escritura universal. Se trata de la Ley de Zipf, creada por el lingüista George Kingsley Zipf de la Universidad de Harvard (otra vez los yankis queriendo medirlo todo, no?).

Pues bien, esta ley establece que “un pequeño número de palabras son utilizadas con mucha frecuencia, mientras que frecuentemente ocurre que un gran número de palabras son poco empleadas“. Para aplicar este método a un texto, el mismo debe tener como mínimo unas 5.000 palabras, y se calcula la palabra que más aparece de acuerdo a un tabla. La más usada se convierte en la palabra rango.

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