Alguien que anda por ahí

Publicado: 12 febrero 2014 en Escritores, Julio Cortázar
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“Del país me queda (…) , las estrellas chaqueñas en Pampa de Guanacos yendo de Salta a Misiones en un tren del año cuarenta y dos (…), y también algunos patios, claro, y sombras que me callo, y muertos”.

“Lucas, su patriotismo”, en Un tal Lucas, JC.

 

julio cortázar

Habría que empezar diciendo que un 12 de febrero de 1984 Julio Cortázar dejaba para siempre su vestidura humana para encaminarse al cielo de los cronopios, el único posible. La trama seguiría más o menos así: que nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914, hijo de padres argentinos. Que llegó a la Argentina a los cuatro años. Que pasó su infancia en Bánfield, que se graduó como maestro de escuela e inició estudios en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por razones económicas. Que un día se fue a Europa, vivió en Francia. Que escribió vastas palabras. Que luchó desde el arte y con el arte contra los demonios de las dictaduras latinoamericanas. Que nos obligó a todos a buscar la falda de la Maga en cada esquina. Que nos exigió ser para cada hombre esa Maga. Que nos invitó al Club de la Serpiente y que algunos pudimos recrearlo en la piel escamosa de otro reptil. Que nos regaló el placer de descubrir La Ciudad en algún rompecabezas del 62/Modelo para armar, que es nuestra existencia, al igual que la rayuela que tejen los días.  Sin embargo me niego a dar las cosas por sentadas: a entender que una mesa es tristemente una mesa, no el ser fantástico que levanta sus patitas ni bien dejo de mirarlo.

Entonces me invento para mí y los presentes que sus ojos sostenían la mañana desde la pared en la que enormísimos, encarnación cronopia, me invitaban a imaginar estas líneas que lo recuerdan tanto y cómo. Y comenzarían así exactamente: desde la sintaxis apretada, casi ahogada en lo hondo de este lado del mundo.

Aquella, la otra tarde como hacía ya algunas semanas atrás, tantas que ya casi no recuerdo y la memoria se vuelve una telaraña espesa en la que cada círculo es la medida de mi tiempo, ellos, los otros cronopios del sur realismo, animales verdes viscosos húmedos, habían comenzado a trazar su epigrama de caminatas en la ciudad de siete colinas. La misión fue descubrirse en el espejo material de las pintadas: documentar la vida que se escupía de las paredes para explicarse un poco desde este interregno en donde aún no saben bien de qué lado está el miedo. Me arriesgo a sospechar que cada uno de los tres guardaba para sus adentros, con la delicadeza de dos hilos, uno azul, la lectura de “Graffiti” y se fabulaban desde el miedo de ser descubiertos por la mano del aparato del Estado en franca violación de alguna ordenanza municipal, al osar atreverse a inmortalizar la efímera expresión urbana en la lente de la cámara. Porque algo necesitaban para sentir, para escupirle a este tiempo de la anestesia generalizada del está-todo-bien-mientras-cada-uno-se-guarda-sus-miserias-bien-adentro.

Y sí, Julio, así celebraban la alegría de tregua catala espera de tu vida. Así daban un nuevo sentido a tus palabras, aplastaban la estampida de la muerte que hacía más de 20 te había llevado a tierras más amables, espero. Y si bien “El futuro”, como escribiste, es que “no estarás para nada, no serás ni recuerdo, y cuando piense en ti pensaré un pensamiento que oscuramente trata de acordarse de ti”, todavía aún y cómo, tan y de qué manera, estás desde la voz cavernosa y afrancesada que autómatamente repite la máquina y usted, como nos decís a todos lo que te leímos, no existimos para vos y sin embargo vaya que sí, desde la anulación del tiempo y el espacio y eso es singular en la palabra y la poesía; y sin embargo, cómo verás Julio, hoy el guante se ha desdoblado y usted y yo somos los nombres circunstanciales de la misma moneda y me atrevo a nombrarlo desde la inmensa ausencia de sus ojos en lo alto de esta pared más alta de esta casa, que es el refugio en el que finalmente me he confinado a ser feliz.

Julio “no te voy a cansar con más palabras. Digamos que te dije nubes, tijeras, barriletes, lápices y acaso alguna vez sonreíste para mí”.

*Este texto vio la luz hace años ha, supongamos cinco atrás para una revista de cultura paraguaya de jóvenes modernos. Tuve el placer de que me acompañe Oz Montanía, con la maravillosa ilustración en vector de Julio.

A tu salú Cortázar, por estos 30 y 100 años!

 

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