Y sé muy bien que estarás.

Estarás en alguna calle,

en el vacío que brota de esta caja de zapatos

que me obligo a llamar mi casa,

en el asiento vacío del colectivo,

y en esa sonrisa amable que sólo

es pura amabilidad,

en los poemas que leo,

en los sms ” ok nos vemos”.

Estarás en mis sueños,

en el destino original de

todas las palabras que tengo para decirte,

en una cifra telefónica,

en el color de un suéter,

en unos guantes.

Me enojaré amor mío,

sin que sea por ti.

Y compraré un vino,

pero no para ti.

Me pararé en esa esquina

a la que no vendrás,

y diré las palabras que se dicen

y comeré las cosas que se comen

y escribiré las cosas que se escriben

y sé muy bien que estarás,

aquí dentro, en la cárcel

donde te imagino,

allí afuera, en ese río de

que es la Alvear.

Estarás para todo,

pero serás sólo un recuerdo,

y cuándo piense en ti,

sentiré un sentimiento

que negadamente

trata de acordarse de ti.

 

Este poema me habló cuando me compré Salvo el crepúsculo y desde siempre lo sentí como un oráculo. Hoy más que nunca es verdad, y bien podrían tomar la forma de un cuento, pero ya ven, la autora pirata es muy haragana.

Elegir un poema es descubrirse en él, y reescribir el poema en las torpes palabras de uno, es ejercer un acto de destrucción hacia aquello que creíamos seguro y amamos, por eso quizás es necesario exorcizar la precisión de las palabras de Julio Cortázar con mi futuro negado.

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