Distancias

Publicado: 18 octubre 2011 en Literatura Resistente
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Cuando a Mercedes se le da por escuchar un disco de John Coltrane en mitad de la noche, el acto seguido es leer ese único mail que conserva en una casilla de correo oculta, para acortar así la distancia que la separa de ese chico que le roba el aliento cada vez que lo ve.

La lectura es lenta y serena: Mercedes va tocando cada palabra con los ojos, dejando que suenen fuerte en el silencio de la noche esas vocales redondas del j-a-m-a-z , o del r-e-i-r-n-o-s-a-c-a-r-c-a-j-a-d-a-s. Cada sílaba estalla como el ronroneo de su gata que se refriega el cariño en su mano mientras ella trata de poner por escrito esta tristeza dulce que le produce una distancia que nunca entenderá.

Lee y revuelve cada frase buscando, tratanto de recordar algún encuentro casual que le devuelva esas sonrisas que prometía la carta y el resultado es nada. Entonces a Mercedes se le da por calcular el tiempo de la espera paciente, apasiguando su corazón en cada tecleo, a ver si así logra dar vuelta esta rueda del destino que la lleva una y otra vez a leer la misma y única carta.

Nadie sabe el producto final de tal ecuación. Y mientras espera, a Mercedes se le antoja tatuarse la clave de su tiempo maya en la muñeca izquierda para ver si así esta distancia se convierte en paseo en el mes del Chancho.

comentarios
  1. Edu B. dice:

    No se espera lo que se olvida Mercedes. La distancia y el silencio son estaciones en medio de la noche, donde solo hay un banco, y una sombra, la nuestra

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