No sé cómo llegó a mis manos el manuscrito de la novela Tan lejos que olvidar volver, quizás de pura desidia, como sostiene su personaje, Fernando Funes. Pero lo cierto es que allí, con una lucidez bien acertada para mi estado anímico, Funes plantea que todo debe ser olvidado y eso se me antoja a la actitud de Heidegger cuando dejó de escribir porque ya no había nada en el lenguaje para nombrar el dasein.

Quizás la clave, no tan sólo de estos días que me resultan un hastío insoportable, sea esto: olvidar. Olvidar para no volver, ni siquiera a los lugares comunes en los que se sostiene la vida cotidiana. Olvidar con empeño de burro empacado. Olvidar esa nostalgia que nos lastima. Olvidar tu nombre, todos los nombres acuosos de mi memoria. Olvidar para que no duela porque la memoria es presencia de la ausencia y la ausencia es presencia del paraíso perdido, eso que ya no vuelve como dice el tango.

Hoy necesito olvidar, pero olvidar ya, de la noche a la mañana y ahí está el yeite: no se olvida de un sopapo. Olvidar lleva su tiempo, su paciencia, su devenir, su espacio. Es como borrar día a día el costado frío de la cama: tu recuerdo. Como desempolvar esta telaraña en los ojos que nos teje la cotidianidad. Como escupirle a la nada.

Quisiera que mañana el día me despierte con un olvido tan rotundo que ni siquiera me permita respirar.Para sacarme este recuerdo de todo lo que hace de mí este despojo de mujer.

Amén.

comentarios
  1. Alfredo dice:

    Estas son cosas de Funes, no le hagas caso:

    Olvidar la mañana fría en que abro los ojos hasta el techo. Olvidar cepillar mis dientes y arroparme. Olvidar mi desayuno tendido sobre la mesa. Olvidar las llaves y el teléfono celular. Mis apuntes y mis lápices. Olvidar el camino al trabajo y la tediosa obligación de asistirle a mi responsabilidad ese olvido. Olvidar los titulares truculentos de los diarios. La cara aguada de mi jefe. De mis compañeros de trabajo. Olvidar el sol del mediodía. Olvidar: comer, beber, fumar, hablar, callar, doler, sentir, leer, imaginar, mentir, pensar, fracasar, sangrar. Olvidar todo eso, olvidar. La noche apagándose en mi sombra. La soledad de mis noches cogiéndose a esa sombra. El sueño que no seré. La victoria que no gozaré. Olvidar el tiempo que de un tirón olvidé. Olvidarlo todo, incluso la memoria de mis nombres, de mis padres, de mis abuelos y de estos pasados que hicieron de mí el que soy. Olvidar las calles y las plazas. La ciudad. La gente. Todo. Olvidar volver a casa. Tan lejos, que olvidar volver.

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