Sobre el exilio de mis amigos (CasandraCactus)

Publicado: 26 marzo 2010 en Literatura Resistente
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Presos en mi ciudad, atrapados en la libertad

A nadie dedico estas palabras,
sin enojo, sin rencor.
De nadie voy a despedirme,
Bueno Nadie: ¡Chau, Adiós!
.

Flema.

Lágrimas. Y este texto no tenía que empezar así, pero qué más da. Comenzaré diciendo que, como cuando mis confidentes me recomiendan alejarme de alguno de mis amantes, mi parte racional comprende, pero hay otra –la que importa- que no. Pensaba en mis amigos, en los planes que cada uno tiene en rumbos que ya no me quedarán a un colectivo urbano o 20 minutos de bicicleta de distancia. Planes que no me incluyen. Dice Freud que enamorarse es encadenar el Yo al de otra(s) persona(s) para realizarse a través de ello. Las eses entre paréntesis son mías, pero parece que no me será posible: mis amigos planean exiliarse cada cual por su lado y entonces los bares se me volverán insoportablemente tristes porque ya no me encontraré con ellos a planear la revolución. Pero no sólo los bares. Con ellos se me va mucho más. Y se me ocurre que alguien tiene que tener la culpa de estas mutilaciones que me desangran con cada pasaje de larga distancia que me muestran –pese a que seguiré regalándoles bolsitas con caramelos para el camino, que le dicen. Decía que tengo que encontrar a quién escupirle la bronca por sus partidas, conseguir que el malvado sea visible. En eso estoy.

*****

Hace cuestión de tres semanas. Las ruedas de mi bicicleta avanzaban lento y casi derritiéndose bajo la  siesta chaqueña. Pero me llevaron hasta una jarra de tereré y el suelo fresquito de lo de El Croata. El tiene una de esas miradas que te dan paz desde su silencio. Se siente tan bien encontrar estos momentos. Da clases a chicos de 16 años que van a una escuela que queda a unas 15 cuadras del casco céntrico de la ciudad. Le reprocho que nunca me hizo escuchar esos famosos micros radiales que grabó con ellos. De los parlantes comienzan a salir voces adolescentes sobre “Argentina – Identidad”. Leen la “Carta abierta a la patria” que Julio Cortázar escribió en París allá por el ’55. Entre respiraciones que contienen una risa nerviosa y el rgsgrgs de la cinta, va llegando a mis oídos un “te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga, no te metás, que vachaché, dale que va, paciencia. La tierra, entre los dedos, la basura en los ojos, es estar triste, ser argentino es estar lejos, y no decir mañana porque ya basta con ser flojo ahora”. Yo –que estoy al tanto de los trámites de pasaporte de El Croata- le digo que cuando se le ocurra escuchar este disco –estas voces- en un continente que no será este de las venas abiertas lo suyo será masoquista. Porque además la carta termina con: “Te quiero país, pañuelo sucio, con sus calles cubiertas de carteles peronistas, te quiero sin esperanzas y sin perdón, sin vuelta y sin derecho, nada más que de lejos y amargado. Y de noche”.

*****

Ese país del ‘55 cubierto de carteles peronistas fue el mismo en el que entre el ‘76 y el ‘83 fueron asesinadas 30.000 personas que se opusieron a sentar las bases del modelo neoliberal cuyos amos hoy matan de hambre a nueve de cada 10 pibes chaqueños menores de 14 años (consultora Equis, agosto de 2003). Los gobiernos cómplices de estos crímenes son los mismos que siguen sin juzgar a los asesinos de esos 30.000 entre los que había familiares de Laucha. Hace poco más de un mes que Lauchón ya no vive en Resistencia, donde nos dejó a Valentino, un chinchudo solcito de cinco años. No se fue tan lejos, sé que tras cinco o seis horas y un pasaje relativamente accesible a mi bolsillo puedo tomarme una cerveza con el. Además, está entre gente que quiero, entre los yacarés y los chicos de El (otro) espacio. Conocí a Laucha cuando llegué a El Sub –un bar memorable del que cabrá contarles en otra oportunidad- en busca de una nota sobre H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). A veces tenemos charlas virtuales gracias a la bondad del señor Messenger. Su nikname sigue siendo: “Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de… los peces de ciudad”.

*****

Mónica tiene pelo corto.rojo.furioso, tan furioso como las batallas que se libran bajo él. Muchos de los que la conocen caen rendidos ante los gestos tajantes que la dibujan como una mujer dura e intransigente. Y así se la pierden. A la hora de la discusión, se apasiona y salta con palabras que uno pensaría que estuvo repitiéndoselas toda la noche anterior, pero ni así. Hay momentos en que la odiamos, pero –como diría ella- no es más que esa “pulsión de muerte que las personas tienen, sobre todo hacia los que aman”. Es profesora en la facultad de periodismo y en la cátedra en que está se leen textos de Walsh, Soriano y Galeano. Sólo le falta la tesis para recibirse de licenciada en comunicación y siempre repetía que antes de irse del páisquelavionacer terminaría la carrera. Decía. Ahora parece que cambió de opinión. ¿Será que la Isabella Veneno que lleva dentro –me contó que es uno de sus alter egos- siente que sus pócimas son inocuas ante los malvados y los dolores de estos lares del mundo? ¿Será que por eso irá al viejo continente, a buscar uno más eficaz?

*****

15 minutos antes de la medianoche suena el teléfono y del otro lado escucho una tonada que se dice orgullosa de ser chaqueña y me cuenta que después de salvar la vida de dos gatitos y tener que sacrificar a uno, estos peludos de mirada penetrante no le caen tan mal como antes. Un brujo le predijo al caballero SerAntes que morirá a los 27 años –justo a él, que siempre reconoció más que ninguno de nosotros su insoportable necesidad de creer (en algo). Por eso, mientras para algunos mortales lo más interesante de la noche será alguna discusión histórica que además lo tendrá como uno de los principales oradores, en la vida de SerAntes a este preludio bien podrían seguirle en un lapso de unas pocas horas: una borrachera en la que su lágrima fácil se negará a salir, una pelea en la que su extraño tabique se enfrentará a tres orangutanes por defender el honor de una dama, el comienzo de un nuevo viaje a algún punto de Latinoamérica. Carga mucho amor y a veces no se le hace fácil. También él quiere irse. Se le escuchó decir que lo que aspira encontrar en otros lares es un remedio.

*****

Hay sensaciones de hermandad que ni siquiera sé si se construyen o simplemente aparecen cuando dos personas se cruzan. Eso es Liso para mi. Tan niño que se divierte haciéndome enojar, tan adulto que más de una vez me dijo que muere por tener un hijo ya. Discute con su abuelo y su papá por cuestiones ideológicas, pero después compone alguna canción que suena a “Gieco.punk.latinoamerica” y se le va pasando el enojo. Amante de Bukowsky, sufre de enamoramientos crónicos espaciados por un periodo nunca superior a las cuatro horas entre mujer y mujer. Ji. (Eso fue para que se enoje él: la revancha, que le dicen). Vive solo, tiene una banda que se llama Ligeramente Alegre con la que tratan de tocar siemprequesepueda y desde hace unas semanas trabaja en un diario local. Sebas trató de tranquilizarme diciéndome que Liso está muy enamorado de esta ciudad maldita como para alejarse de ella por más de tres meses, pero lo cierto es que las fábulas sobre España y las más probables posibilidades sobre Buenos Aires allí están. En la cabeza de Liso, digo. Y también en algunas charlas por las que antes ni se les ocurría pasar.

*****

Dice Pedro Guerra que “vivimos el tiempo que al cabo nos toca”. Y así estamos dando brazadas en este contaminado océano posmoderno de “historias cruzadas, cada cual en su propio ajedrez, su propia jugada, en cambio constante, nunca hubo antes, no habrá después, tan sólo durante”, retruca con tristeza Jorge Drexler desde este lado de la conquista española y gracias a que me lo recordó otro amigo exiliado. La única certeza con que contamos en nuestros haberes históricos es que se cayó la idea del progreso que les vendieron a nuestros padres y abuelos, aunque muchos aún se nieguen a verlo así.

El sociólogo Michel Maffesoli, analizando ciertos nomadismos contemporáneos, encontró que éstos son levantamientos contra la forma de organización mecánica de la existencia humana. Salud a eso. Salud a no dejarnos encasillar. Ahora bien, parece ser que Maffesoli también se topó con que fenómenos como este del exilio de mis amigos –Michelito me lo confió en privado pero ustedes no digan nada- es una de las formas en que el individuo expresa un nuevo deseo de libertad.

Me pregunté entonces de qué se sienten presos mis amigos en esta ciudad  impía, como diría Joaquinito. ¿Presos de un momento histórico? ¿Presos de una situación socio económica y cultural que nos oprime? De ambos. Me pregunté entonces si la sensación iría a cambiar para ellos en otras urbes y cómo se sentiría esa nueva emoción.

Respeto que viajen sin saber si irán a volver porque sé que la felicidad de cada uno de ellos lo vale, pero no puedo negarles que un profundo dolor y miedo me invadió cuando caí en la cuenta –una vez más, cuándo no- de que el culpable de esta opresión es el global sistema capitalista; confort más, confort menos. Por eso el miedo a que laburando en lo que les gusta, viviendo un poco mejor, mis hermanos acaben anestesiados. Y por eso, porque el malvado es uno solo encarnado por diferentes títeres, a cambio de estas mutilaciones sólo les pido que donde sea que vayan se dediquen a tender lazos. Lazos para que el exilio no sea destierro sino hermandad.

ro!

*Texto de la Ninia Monstruo o CasandraCactus o Roro o Rocío Navarro (cuando viste los trajes serios) encontrado en la memoria de Unpalunpa y que se me antojó hermoso, como una mano dada en la oscuridad de la noche para no sentirse tan solo. Gracias Roro y perdona la publicaciónrobadadeantemano.

comentarios
  1. rO! dice:

    uh! nena, hace años que no releí este texto. lo primero que pensé cuando vi que lo posteaste fue “qué vergüenza”, porque sí, suelo sentir pudor hacia los textos más viejitos. pero la verdá que luego lo leí y no fue así, me pareció una postal bastante decente de cómo me (y los) sentía en ese momento. ni siquiera recuerdo bien en qué año fue, se nota, sí, que en ese entonces ustedes eran “más grandes” que yo y ya estaban buscando nuevos rumbos.
    ahora, lo que sí puedo decir, en un tono menos dramático, es que sí: sus exilios fueron o son hermandad, así que estoy más tranquila.
    los abrazo
    rO!

    • isabelaveneno dice:

      jajajaja, suele pasar la verguenza siempre, pero puta! hay que quererse más y no vergonzarse de los sentimientos!
      maricones los que no quieren!

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