La quimera de Cheever: escribir o vivir

Publicado: 10 febrero 2010 en Escritores, Los que escriben
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Entrar al diario de un escritor es como hacer un viaje después de muchos años. Llegar a una ciudad nueva y deslumbrarse con la sonrisa de cualquier chica, o invadirse de terror  por la mirada de un extraño. El Diario de John Cheever es parecido a eso: cometer todos los pecados del primer vistazo. Para juzgar, arbitrariedad y soberbia. Pero no me interesan todos los aspectos de su vida, sí cómo la escribió.

Sobre la primera impresión, escribí: Fascina ver cómo los hábitos más toscos y la lástima más empalagosa pueden crear un arte. Esto son los diarios de Cheever. Hay algo insano en ese comentario. Después, he leído otros fragmentos de los diarios y aprecio y envidio este diario, que escribió durante casi 40 años. Algunas anotaciones son inmejorables. Quien pretenda imitarlo quedaría como un idiota. ¿Hay un estilo cheeveriano? No lo sé. Sus críticos hablan de “su estilo”.

Me detengo en las frases cortas, la impudicia para abordar la intimidad y una energía bestial para contar. Muchas de las calorías de su prosa provienen de la ginebra. Que no haya hecho de eso un acto heroico, más bien una manifestación honesta de la cobardía, le otorga ventaja sobre otros borrachos ilustres de la literatura. En estos diarios hay un hombre, un hombre roto y cocido por todos lados, al que se le escapa la capacidad de ser normal.

Tengo que llegar a un equilibrio entre escribir y vivir. No debo seguir siendo autodestructivo. Cuando despierto por la mañana debo decirme que es necesario pegar más duro, hacer mejor las cosas, al menos dejar a mis hijos un recuerdo respetable y aleccionador (…) Debo introducirme en mi trabajo, y éste debe darme a mí la legítima sensación de bienestar de que disfruto cuando el tiempo es bueno y cuando he dormido bien. La buena salud es algo instintivo en mí y puede serlo para la literatura”. Fueron 29 los cuadernos manuscritos que dejó. Este no es un diario virgen; le ha metido mano el editor, quizá lo ha hecho más legible, más impactante.

Otro pecado casi inevitable es querer extraer una cita de un diario. No hay una que pueda servir de síntesis. Vender el libro no es mi trabajo.

¿Cheever sabía que escribía bien y transformó su vida en novela?, ¿una quimera? Hay una indagación constante y neurótica sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que debería hacer un buen esposo y buen padre, lo que debería hacer un escritor profesional y etcétera: “Oh, ser un hombre mucho mejor de lo que soy”.

Cuando uno se deslumbra con ciertos libros, evoluciona en algún tipo de ave de carroña. Enseguida quiere extraerle alguna cita, algo que sirva, que hable por uno. Sorprende saber que puedo ser un pájaro negro, atado a la gravedad, que puede comerse esos restos.

Algo me imantó al diario, y estoy tratando de entender qué fue.

Por Lucas Brito Sánchez

comentarios
  1. Dedalus dice:

    Hace 1 mes, viajé a Buenos Aires para ver a Metallica. Luego de mucho mirar, sopesar y descartar, decidí llevar “Falconer”, de John Cheever, para mi lectura durante el viaje. Es el primer libro que leo del norteamericano. Una edición linda, cuidada, de Emecé, con un “Epílogo” de Rodrigo Fresán que, como siempre, ha leído todo de y sobre Cheever. Cuando llegué a Retiro, con el amigo Eulo García brindamos con una cerveza por Buenos Aires, Metallica y… John Cheever. La fatal “quimera” de Farragut (cornudo, homosexual, fratricida y heroinómano)me había hecho sentir miserablemente feliz. Un abrazo!

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