caparros

Tuvimos la oportunidad de intercambiar unas palabras con el escritor argentino que se encomendó la monumental tarea de contar las historias de Argentina, reunidas en este primer tomo de El Interior, su última obra presentada en la última Feria del Libro de Asunción.

El Martín Caparrós que había conocido años antes en un canal de televisión de Buenos Aires se me antoja otro que el que veo pasearse por la redacción de Ultima Hora: sigue tan alto como siempre, pero los años no han pasado en vano, su bigote (tan característico) está más gris y las chapas  francamente han volado. Desde la sala de espera de la redacción lo veo pasearse, mientras espero ansiosa el momento de compartir unas palabras con uno de los pocos escritores que me han dejado, tardes y tardes, sentada detrás de una de sus novelas.

Ha venido a presentar su último libro, El Interior , en la feria del libro asuncena y está a punto de dictar un taller sobre narrativa periodística para los trabajadores de prensa del diario local.

La prensa escrita

Luego de casi dos horas de charla e intercambio con los periodistas de UH, la sensación que le queda a un espectador externo como yo no es nada agradable: el monstruo de la técnica periodista es tal, que ha encorsetado todas las formas de narrar esto que llamamos absurdamente lo real. Quiero imaginar que Caparrós tiene la misma sensación después de escuchar las tribulaciones entre las que se debate su auditorio, que se muestra más que imposibilitado para contar otra forma de lo posible.

Sin embargo las palabras de Caparrós intentan martillar contra esa mentira de años que todo buen jefe de redacción nos ha metido en la cabeza, al decir que “hacer un diario sigue siendo la verdadera cosa porque es capaz de intervenir en la realidad de forma pensada y organizada y porque el 99,8 % de la realidad no sale en los diarios”.

Pero hay que tener cuidado que la realidad de la cosa no es tan aprehensible en las palabras. La voz cavernosa del fumador Caparrós se alza, diciendo que “lo importante está en la forma de narrar, en encontrar una vuelta para que ese gran porcentaje de cosas que le pasa a la gente y no son la agenda de los medios, puedan entrar en la agenda de ellos, ser la noticia; y para eso hay que leer: leer para manejar las formas en que el lenguaje nos da para contar historias y sobretodo pensar que estamos escribiendo para una persona inteligente, no para ese monstruo (que nos venden todos los medios) que es el lector que necesita todo claro, breve, preciso y conciso: un lector que no lee. Eso es como hacer camisas para gente que no tiene torso”.

La charla termina y todos se dispersan entre los merecidos bocaditos y la vuelta a su escritorio. En un rinconcito de la sala que sirvió de acogida para el taller, nos sentamos con Caparrós para una pequeña charla: pequeña porque me hubiese gustado tener mucho más tiempo para preguntarle todas las vueltas que me perturban de su literatura.

La voz de Caparrós es cavernosa, propia de un fumador, aunque no sé si de puros como lo pintan algunas fotos. No sé por qué también se me antoja menos soberbio, más risueño y afable que lo que lo pintan las mismas fotografías o sus apariciones esporádicas en la televisión argentina.

¿Cuál es el proyecto de El Interior?
(Toma aire y desde la profundidad de su garganta larga)

Cuando salí tenía la idea de hacer todo el país en un solo libro, rápidamente me di cuenta que no se podía hacer así porque había demasiadas cosas que contar. Al cabo de algunas semanas me puse a pensar cómo podría dividirlo y se me ocurrió esta idea: dividir el país en dos Argentinas. La primera Argentina es todo el norte y está conformada por las tierras que crearon el país. La segunda Argentina es todo el sur y está formada por las tierras que la Argentina como proyecto nación tomó. Este primer que vine a presentar trabaja la idea que uno podría ser jujeño o chaqueño o correntino antes que ser argentino porque hay una identidad en la tierra que los marca, en cambio no podes ser chubutense porque fue el país el que avanzó sobre estas tierras, ocupó esos territorios y le dio la forma que tiene ahora. Eso crea una diferencia marcada: la primera argentina tiene como raíces más fuertes y la segunda es como un aluvión.

Fue así como un buen día del 2005 salió montado en el Erre (su auto) a recolectar las historias ocultas, guardadas o mal contadas del ser argentino. Caparrós comenzó por el norte y el litoral hasta subir por el río Uruguay y bajar por el Paraná. En total fueron cinco salidas largas desde Buenos Aires, la ciudad donde vive. El final de este primer tomo de El Interior termina con la vuelta a Buenos Aires y la sorpresa de volver a la gran ciudad, esa en la que todo sucede y es más agitada, más turbulenta que la paciencia del interior argentino.
En octubre nuevamente saldrá a recorrer las amplias rutas de la Patagonia y el sur, parajes muchas veces desolados como los que nos devuelven las películas de Carlos Sorín.

¿Cuál es la estructura narrativa que trabajas en El Interior?

La búsqueda narrativa de este libro es diferente a mis anteriores libros de crónicas. Mi idea con El Interior es incorporar otras formas a la crónica: es como volver a esos recursos de la ficción que tenía el primer nuevo periodismo, y que quedaron cristalizados en la práctica. Lo que me interesaba en este libro era volver a esas formas de la ficción, usar ese mismo procedimiento de los periodistas que hicieron nuevo periodismo, que finalmente es buscar en otros géneros literarios nuevas formas de contar. El Interior es el resultado de la práctica de ese procedimiento, hay cosas que no había hecho nunca: biografías que están contadas en reverso, está todo más fragmentado, más mezclado relato con ficción, con recuerdos y hay formas como el verso, que nunca fueron usadas en el periodismo. Pensé que si voy a contar todo el país, al menos, debo hacer algo con el lenguaje que esté a la altura de esa estúpida ambición.

¿Qué visión nos queda de Argentina entonces? Porque la contratapa de este primer tomo dice que intenta dar cuenta o saber…
(Risas estridentes, carcajadas)

Intenta dar cuenta…intenta es la palabra. Sin embargo, espero poder contestar eso cuando termine el segundo tomo, por ahora me animo a decir que no sé si quise sacar conclusiones, generalizar o sacar definiciones. Las definiciones o visiones son reaccionarias porque sirven para negar las diferencias sociales, culturales, económicas y pretender que la nacionalidad de un país subsume todas esas diferencias.

Abruptamente ensayo un cambio de tema que parece interesarle a Caparrós. Cuando me había enterado de su visita tenía la necesidad de entrevistarlo, no tanto por este nuevo libro, sino más por la curiosidad morbosa de todo lector de tener frente suyo al artífice de ciertas palabras que han sido el desmadre mental para uno. Así que le zampo …

Pasando a otro tema, me gustaría hablar de la novela La Historia, ¿cuál fue el proyecto narrativo de esto?
(Estalla en risas)
Mi proyecto es quemarlo…

Más risas compartidas mientras en sus manos sostiene el ejemplar de la novela que he traído para que me firme. Son 941 páginas, en formato de 24, 5 por 17 cm, publicado en 1999 por Norma. Narra el descubrimiento de un historiador, que encuentra en una biblioteca francesa, los manuscritos originales de una civilización llamada la Cuidad y las Tierras, que dicen hacer dado origen al pensamiento de la Ilustración y las revoluciones modernas. Para mí fue una de las mejores novelas que leí en mi vida: casi 1000 páginas del discurso de un dictador en el momento previo a la caída del imperio, ese instante en el que cristalizan para siempre en la memoria individual del tirano todas las tradiciones, costumbres y recovecos de la memoria colectiva. Además de un inteligente ejercicio narrativo y del lenguaje, algo que me animo a afirmar distinto en la ecología de la literatura contemporánea: una monumentalidad estructural e imaginada, solamente encontrada en Roberto Bolaño. Todas palabras que no le hacen justicia a tamaña historia.

Pienso que La Historia es la gran novela de Caparrós…
(Respira profundo, aprieta con fuerza el libro y dice)

Yo también lo creo, lo que pasa es que nadie más lo cree. Este libro es lo único que verdaderamente me importa de todo lo que hice, lo que pasa es que nadie lo leyó, a nadie le interesa. Para mí es muy difícil saber que el único libro que a uno le importe no le importa a nadie: es rara la sensación porque soy un escritor bastante aceptado, que me leen, me conocen. A veces me consuelo pensando que todo lo que escribí después de La Historia fue posible porque allí practiqué formas de decir que luego me dieron otras cosas: ahora estoy viviendo de las rentas de esto. Después de publicar esto pensé que no iba a publicar nunca más una novela porque acá había dejado todo, pero la primera que escribí después fue Un día en la vida de Dios, que no está mal, pero es una nota al pie a ésta. Hay cosas que me avergüenzan como Valfierno y en muchos lugares sólo saben de mi existencia es por ese libro.

La voz de Caparrós se corta acá en el cassette y nuestra entrevista también. Desde el fondo de la cinta todavía logro escuchar su voz cavernosa que dice, “me quedaría leyendo a ver qué carajo puedo hacer”, en relación a La Historia.

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Perfil googleado

Martín Caparrós nació en Buenos Aires en 1957. Comenzó su carrera periodística en el diario Noticias en 1973. Entre 1976 y 1983 vivió el exilio en París (donde se licenció en Historia en la Sorbona) y en Madrid. Ha hecho periodismo deportivo, taurino, cultural, gastronómico, político y policial en prensa gráfica, radial y televisiva. Dirigió los mensuarios El Porteño, Babel, Página/30, Sal y Pimienta y Cuisine & Vins. Ha publicado una decena de novelas, libros de viajes y ensayos, entre los que se destacan Ansayo los infortunios de la gloria (1984), No velas a tus muertos (1986), El tercer cuerpo (1990), La noche anterior (1990), La Historia (1999) y Un día en la vida de Dios (2001). Publicó, en colaboración con Eduardo Anguita, una obra en tres tomos sobre la militancia revolucionaria de los años setenta: La Voluntad.

* Esta entrevista tiene casi 2 años de vieja, fue en el 2007, cuando conocí al Caparrós que piensa que la La Historia, su libro menos vendido, es el mejor. Dio gusto.

comentarios
  1. Courthès dice:

    Muy interesante Mónica,

    al contrario de lo que dice Caparrós, a mí me gustaría leer este libro, lo compraré en julio en Servilibro.

    Tiene mucho que ver con mis conceptos de semiótica como el endotexto, el exotexto y el algotexto y desde luego con “Yo el Supremo”…

    Iker Bonpland

    http://marquesdeseada.blogspot.com/

    • isabelaveneno dice:

      Eric hablas de El Interior o La Historia?
      Si es la historia, Caparrós habla de forma un poco triste y un poco irónica: sin dudas me dejó en claro que ese “es su libro”, “el libro que escribió”.
      che a ver si esta vez nos vemos en tu visita a Asunción, de paso te muestro cómo me lo firmó Caparrós al libro.

      saludos

  2. Vani dice:

    La segunda parte del libro prometida en El Interior…para cuando?

  3. […] Jebuzito me trajo dos libros, uno de ellos es Comí, el último de Martín Caparrós. Creo que no leí nada de él después de La guerra moderna o La historia. Un poco porque lo perdí en el camino, otro porque pensaba que fueron las mejores cosas que escribió y todo lo demás era vyrorei editorial, como él mismo lo dejó entrever en una entrevista. […]

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