Lo que siento por Mónica Kreibohm

Publicado: 13 mayo 2009 en Literatura Resistente
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atardecer en Recia

Foto: CasandraCactus

A veces me atraviesa una tristeza, que se queda ahí: clavada en el pecho y es un miedo gigante que sostiene la nada.
Se queda un rato atravesada en mi garganta, como un nudo, apretando. Entonces hago lo de siempre: la escribo y me callo. Y poco a poco la tristeza va cediendo, va tomando nombres, rostros, recuerdos. Y ya no es esa mano apretada que está a punto de asfixiarme, sino una preocupación concreta, mundana.

Parece que poco a poco me la voy tragando al ritmo de mis palabras y es entonces cuando cede la tensión.
Ahora, prontito, casi es el miedo pequeño al retorno, el miedo inmenso a que no quieras a tu lado. Es la nostalgia de mis muertos. O la nostalgia futura de los que quedan en esta margen del río.

Es la cara de la Elsa cuando vuelve del trabajo. Es Debora enojada, no entendiendo casi nada de esto que es su vida. Es tu silencio. O Patricia gritándome su odio. Es la vez que entré al sanatorio a verlo. O esa mañana fría en la que guardé para siempre a la Osa, debajo de la palmera.

Es la pausa en algún relato de Lucas. O la vez que me subí al micro, camino a Asunción para siempre. Es el abrazo resignado en la puerta de mi casa un 24 de diciembre de 2004. Es el llanto contenido de mi abuela , preguntándome por qué me fui tan lejos.

Así, poco a poco, la tristeza va cediendo. Me deja y se deja acostarse en la cama. La va ganando el sueño.

Espero que mañana no me quiete el aliento.

*Texto escrito hace 5 años, primeras pisadas en Asunción, primeras distancias de la Resistencia.

comentarios
  1. Ra dice:

    Muy bueno Moni, me hace acordar cuando me fui a Mendoza. Que lindo, gracias.

  2. Edu dice:

    Vi lo que sentis en este poema

    ELEGÍA Y POSTAL

    No es fácil cambiar de casa,
    de costumbres, de amigos,
    de lunes, de balcón.
    Pequeños ritos que nos fueron
    haciendo como somos, nuestra vieja
    taberna, cerveza
    para dos.
    Hay cosas que no arrastra el equipaje:
    el cielo que levanta una persiana,
    el olor a tabaco de un deseo,
    los caminos trillados de nuestro corazón.
    No es fácil deshacer las maletas un día
    en otra lluvia,
    cambiar sin más de luna,
    de niebla, de periódico, de voces,
    de ascensor.
    Y salir a una calle que nunca has presentido,
    con otros gorriones que ya
    no te preguntan, otros gatos
    que no saben tu nombre, otros besos
    que no te ven venir.
    No, no es fácil cambiar ahora de llaves.

    Y mucho menos fácil,
    ya sabes,
    cambiar de amor.

    Angeles Mora

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